Índice del Foro La CicloLista · Ciclistas en Red La CicloLista · Ciclistas en Red
El foro sobre ciclismo randonneur, cicloturismo y ciclismo de carretera
 
 F.A.Q.F.A.Q.   BuscarBuscar   Lista de MiembrosLista de Miembros   Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios   RegístreseRegístrese 
 PerfilPerfil   Identifíquese para revisar sus mensajesIdentifíquese para revisar sus mensajes   ConectarseConectarse 

POS-MGM2009.- CRONICAS
Ir a página Anterior  1, 2
 
Este foro está bloqueado: no se puede publicar, responder, ni editar mensajes en este tema.   El tema está bloqueado: no pueden editarse ni agregar mensajes.    Índice del Foro La CicloLista · Ciclistas en Red -> MGM09 Madrid-Gijón-Madrid'09
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
jmcampos



Registrado: 28 May 2007
Mensajes: 94

MensajePublicado: Mar Sep 08, 2009 12:01 am    Título del mensaje: Responder citando

Ya teneis en la web:

Se han añadido algunos comentarios mas de los compañeros

http://www.mgm2009.com/?PRESENTACI%D3N:Comentarios

Listado de participantes que acabaron la prueba

http://www.mgm2009.com/?PRESENTACI%D3N:Listado_de_participantes

Datos estadisticos

http://www.mgm2009.com/?PRESENTACI%D3N:Estad%EDsticas

Galeria de Fotos que he podido recopilar, como vereis la calidad no es muy buena en algunos casos, pero he querido incluirlas todas en cualquier caso.

http://www.mgm2009.com/?GALERIAS

Saludos
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
rbargut



Registrado: 20 Jun 2007
Mensajes: 24

MensajePublicado: Mar Sep 08, 2009 10:03 pm    Título del mensaje: Responder citando

Mi crónica de la Madrid-Gijón Madrid. IDA

Llegada

La partida de Vitoria fue el lunes 17 de agosto a las tres y media de la tarde. Me venía a buscar con su coche Pascual y su mujer, (Marisa). Debíamos estar en Madrid antes de las siete de la tarde para pasar el control de bicicletas, y comprobar que disponían de la iluminación adecuada para el pedaleo nocturno.
Hacía mucho calor, el trayecto lo hicimos en tres horas. Primero pasamos por la casa de Román para recoger ruedas de recambio, el utiliza un diámetro especial. Lleva la bicicleta de Virenque en una contrarreloj. Llegamos poco antes de las siete de la tarde al polideportivo de Algete. Ya se palpaba el ambiente en la zona: furgonetas típicas de ciclistas, bicicletas y gente conocida de otras pruebas.
Aparcamos el coche al lado de la furgoneta de Román. Con el venía para participar su sobrino Iker, y su mujer María Jesús. Ella y Marisa nos asistirían durante la prueba. También apareció Ibarretxe y su mujer, con otro participante que siempre le acompañaba. Nos saludamos. Debíamos pasar el control cuanto antes. Saqué mi bicicleta del maletero, la monté. Y al llevarla noté que la rueda delantera se quedaba agarrotada. El cable de la pila, (acumulador), de mi luz delantera estaba enganchado al buje. Se había roto. Maldije mi mala suerte. Tenía otra luz, pero aquélla era un foco esplendido.
Pascual me dijo, que no me preocupase, lo arreglaríamos, (en verdad lo arreglaría él).
Pasamos el control de luces. Miraron lo que llevábamos y poco más. El encargado era Porta. Con ello nos daban el número para coger los dorsales y quedar apuntados definitivamente en la prueba.
Charlamos con algún conocido, (Enrique Llorente), y al hotel. También nos encontramos con José Luis de Vizcaya. Había venido por su cuenta y se había arrimado a la expedición asturiana.
La verdad es que para ese control no parecía necesario llegar un día antes, con lo que supone de gasto, pérdida de tiempo y ansiedad por la vigilia; pero así se dispuso por laorganización. Ya eran más de las ocho de la tarde y convenía ir al Hotel.
Yo había reservado una habitación doble, no pensaba que Marisa vendría. La habitación era amplia y todo se arregló con una cama supletoria. Me di una ducha rápida para sacudirme el calor. Y a cenar.
No había menú y tuvimos que cenar a la carta en el restaurante del hotel. Una ensalada y carne, postre, vino de la casa, cerveza. El precio fue muy caro para la calidad y servicio. Una y no más. Nos dijeron para cenar pronto el día siguiente pero declinamos la invitación. Y nos fuimos a la cama.
Como éramos tres en la habitación y hacía mucho calor, pusimos el aire acondicionado. Dormí a gusto, sin muchos nervios. Poco antes de las ocho me desperté y para no molestar salí fuera a leer. A las nueve aparecí en la habitación y ya se desperezaba Pascual, que era el más remolón para levantarse.
El desayuno estaba incluido con la habitación: café y un bollo o tostada. Desayunamos con José Luis. Acto seguido Pascual y yo fuimos a reparar mi luz. Al salir a la calle se notaba el calor. El cielo azul despejado, iba a caer a plomo.
Con su coche recorrimos el pueblo en busca del ansiado taller de reparación de vehículos. Y al fin lo encontramos. Nos adentramos y entre un Rolls Royce antiguo, pero en buen estado de conservación, y un Ford Mondeo apareció el dueño. Aplicó la soldadura al cable de la pila y funcionaba. No nos quiso cobrar nada. Agradecidos y contentos volvimos al hotel. Ahora tocaba comprar comida y bebida para la prueba. Fuimos todos los de nuestra expedición, José Luis y Begoña. Nos aprovisionamos de fruta, bebida y pan, huevos y cava para celebrar la vuelta. En una gasolinera compramos hielo y metimos las cosas en la nevera que había traído Pascual. Y a comer.
Lo hicimos en el restaurante del polideportivo, y por un módico precio nos ofrecieron macarrones con tomate, o ensalada y pollo o filete. Y de postre helado o fruta. Y por la tarde a sestear en las campas alrededor del polideportivo. Iba a ser una tarde muy aburrida: hacía mucho calor, y todos nos arremolinamos en las escasas sombras de los árboles. Charlábamos, contábamos anécdotas, leían algunos, otros descansaban. Y así transcurrió la tarde. Mientras y con el cargador de Ibarretxe, pude cargar mi pila. Fue una suerte que lo llevara y que se lo viese de forma providencialmente casual. Me hizo un gran favor.
A las siete empezamos a preparar bicicletas y equipajes para la marcha. Ya se empezaba a notar la excitación de esos momentos previos: todo se olvida, nada se encuentra, mil vueltas. A las siete y media a cenar en el mismo restaurante: más pasta y lomo con patatas, y yogur, un café y pista.
Tardaron un poco en servirnos, (todos los ciclistas y acompañantes querían cenar a la misma hora). A los camareros se les veía realmente agobiados: sudaban, y trataban de poner buena cara, pese al ajetreo. La tardanza fue razonable.

La salida. Primera Etapa Algete-Atienza. (107 km.)

Tras cenar, casi las nueve menos cuarto, volvimos a las furgonetas; a dar los últimos repasos a las bicicletas y comprobar que llevábamos lo necesario. Y poco a poco hacia la salida. Se salía en grupos de cincuenta con intervalos de diez minutos. Nos tocó el último. En la espera, sacamos fotos; sacudimos los nervios. A pesar de que era de noche, hacía mucho calor, 28 grados. Yo sudaba sin haber empezado a pedalear. Por fin nos tocaba el turno: nos sellaron el carné de ruta, y al poco, ya en la calle, la Alcaldesa de Algete con Porta, nos deseó suerte y cuidado. Iríamos un tramo acompañados por las motos, (la salida del casco urbano de Algete). Me deseé suerte, me santigüé y a pedalear.
En la salida saludé a Emilio, Fernando, Juanjo, Andrey y algún otro conocido de la PBP de 2007. Nos deseamos suerte también. Vuelta a mi lugar, oía su bulla con pitidos y cánticos desacompasados, todo hay que decirlo, previos.
Salimos los cuatro, (Román, Iker, Pascual, yo), y José Luis en estampida. Yo fugazmente veía mi cuentakilómetros, y marcaba una alta velocidad. En las cuestas debía apretar de lo lindo. El viento daba de costado. La gente iba haciendo abanicos, y en algún momento me hacían cuneta, con lo que tendía a quedarme cortado, si no pedaleaba como el primero. En una curva cerrada, a la altura de Casar, salen Román, Iker y Pascual y nos dejan cortados a José Luis y a mí. Le digo que casi mejor: yo ni podía, ni quería ir a ese ritmo. Además estaban por llegar los repechos. Se nos junta un italiano que no nos da ni un relevo. Así que paro a mear, para que se marche. En la primera gran cuesta, antes de Cogolludo lo adelantamos, me pregunta y le digo que “molto larga e con salita”. Estaría mal dicho pero me entendió a la perfección.
Con el calor y el tremendo esfuerzo de esos primeros cuarenta kilómetros había bebido mucha agua. Así que en Cogolludo paré en la fuente a beber, también José Luis. Sin mayor perdida de tiempo, reanudamos la marcha. Ahora tocaba una subida larga para bajar luego hasta el pantano de Alcorque, y luego un tramo de toboganes más suaves, y por fin una bajada larga para afrontar el repecho final hasta Atienza.
En la primera rampa volvimos a alcanzar al italiano; ya no le vi más. Yo subía con el platillo puesto, con buena cadencia pero sin forzar las piernas. Adelantábamos gente. Y así llegamos a Atienza. Allí estaban Román e Iker; Pascual recién salía para afrontar la subida al próximo puerto de forma más pausada.

Segunda etapa. Atienza Ayllón. (55 km.)

Creo que bebí algo, comí alguna barrita y salimos los cuatro juntos. Esta etapa era corta pero se ascendía al punto más alto de toda la marcha, Alto de Pela, (con el juego que daba su nombre para ocurrencias más o menos afortunadas), a 1.404 metros de altitud.
Román iba tirando, yo de vez en cuando le daba algún relevo, pero le miraba y daba la sensación de que iba de excursión; y yo sudaba como un perro. A media subida paro para mear y también José Luis, nos esperan y vamos ascendiendo, la verdad es que era muy tendido el puerto con tramos de llano e incluso de descenso, como pude comprobar a la vuelta, (a mi pesar), se empezaban a ver las luces rojas de los molinos de viento modernos. Dejamos uno de a nuestra izquierda que con su siseo viperino imponía.
Así llegamos a un tramo de falso llano, para, tras una última cuesta, comenzar la bajada. El alto marcaba la divisoria entre Guadalajara y Segovia, y de las dos Castillas. Y la bajada hasta Ayllón era muy peligrosa. Así lo había remarcado la organización, corroborado por los que ya conocían ese trayecto. Yo soy un bajador nefasto. En buenas condiciones bajo despacio; con asfalto deteriorado, de noche y sin conocer el trazado, me iba a costar aquello más que subir. Les dije a Román e Iker que no me esperasen. Y a fe que no lo hicieron, en un par de kilómetros casi ni veía sus luces traseras. José Luis venía por detrás y tampoco veía su luz. Así bajaba y bajaba en una carretera con un asfalto rugoso pero sin rastro de los temidos socavones. No veía a nadie por delante ni por detrás. Temía haberme despistado. En un pueblo, Francos, por fortuna encontré gente y me indicaron que sí, que todo recto se llegaba a Ayllón. Al poco apareció José Luis y en un tramo de llano adelantamos a otro participante y llegamos a Ayllón.
A sellar en las instalaciones deportivas del pueblo. Y de allí a la furgoneta, donde estaba el resto de la expedición. Marisa y María Jesús con una exquisita atención se preocupaban por darnos de beber y de comer. Su atento cuidado es digno de consideración. Nosotros estamos porque queremos; ellas porque quieren que estemos más cómodos. Pura generosidad de la buena. Bebí una coca cola, charlé con otros sobre la bajada y el calentón de la salida. Román quería salir ya, le entendía pero le pedí que esperase a que acabara el bocadillo. Ya salimos pero a Pascual algo le pasaba con el pulsímetro. Y le esperé para que no fuera solo.

Tercera etapa. Ayllon-Tortoles de Esgueva. (81 km. más propina)

En la salida me adelanté unos metros y como no sabía la dirección volví y le pregunté si era por donde íbamos. Me contesto que sí. Así confiados seguimos. Pero empezamos a darnos cuenta de que algo no concordaba. Miramos la hoja de ruta y comprobamos que transitábamos por una carretera equivocada: la N-110, dirección Riaza; cuando debíamos hacerlo por la SG-945 hacia Aranda de Duero. Habíamos recorrido unos trece kilómetros. Media vuelta y otra vez a Ayllón a coger la buena. Yo iba con un cabreo monumental. Iba jurando en arameo. Al fin llegamos a Ayllón y seguimos dirección Aranda de Duero. Pascual iba muy rápido, queriendo recuperar el tiempo perdido, (más de una hora). Yo ya iba, cómo decirlo, cruzado. Apenas hablábamos.
A eso de diez kilómetros divisamos a un par de ciclistas que van a buena velocidad. Eran José Luis Adell y un compañero suyo, cuyo nombre no recuerdo, (de Zalla). Los saludé, (ya nos conocíamos de otras brevets), y fuimos los cuatro poco a poco. Nos amaneció antes de llegar a Aranda de Duero. El paisaje era muy bonito. Yo no hacía más que pensar en donde estaría, si no hubiera recorrido ese extra. Trataba de quitarme la mala leche y la frustración, aunque el interior me reconcomía.
Desde luego, ya no iba a fiarme de nadie en los cruces. Cuando voy solo no suelo perderme porque tengo la sana costumbre de preguntar. Y pregunto varias veces. Es preferible a ir de listo y con la consecuencia, como suele suceder, de perderse. Luego ya no vale echar las culpas a los demás. Tú te has perdido y tú eres el tonto. Y ya lo había hecho una vez y con esa me bastaba.
Sin entrar a Aranda, desde la misma circunvalación, se toma la carretera que se dirige a Palencia, que pasa por Tortoles de Esgueva. Una carretera más tranquila y con buen asfalto, y repechos. No obstante pregunté, para cerciorarme.
Hasta ahora no he hablado del viento, y eso es buena señal; ya que si uno se acuerda de él, es porque molesta. Y hasta ese momento el viento o no había soplado, o lo había hecho favorablemente. En este tramo fue favorable.
A la salida de Aranda mi compañero daba signos de fatiga, (sueño al parecer), y se quedaba. Fue una pena porque los cuatro a relevos podíamos haber llegado al control rápido y con esfuerzo compartido. Me quedé a esperarlo; y Adell y su colega siguieron a su ritmo. Ya me alcanza Pascual y tras un rato de pedaleo juntos; pega un tirón fuerte y me deja. Yo me quedé bastante sorprendido: hacía un momento no podía seguir un ritmo cómodo; y, ahora, que le espero, no es capaz de adaptarse al ritmo, de 29 km/h que llevaba yo. Bueno, quedaban escasos quince kilómetros hasta el control, paciencia y a barajar, como decía El Quijote. De vez en cuando Pascual miraba para atrás como preguntándose por qué no seguía su ritmo. Mi respuesta a esa pregunta imaginaria era clara: no podía y tampoco quería. No se trata de ir pegando tirones., así al menos lo entiendo yo. Es preferible seguir un ritmo, el propio, y mantenerlo. Ya me acerco a su rueda y me pregunta si voy mal. Su pregunta no obtuvo respuesta; pero no iba mal; por lo menos físicamente mal.
Llegamos a Tortoles, antes de fichar, paré en la fuente y bebí agua fresca y llené el botellín. Sellé y no crucé palabra con Pascual. Estaba bastante enfadado por su actitud. Desde mi óptica, (que puede ser la equivocada): me chupo casi treinta kilómetros de más por su precipitación y mi confianza descuidada; y luego, cuando le espero, me deja sin mayor explicación que él debía seguir su ritmo.
Mal comí un bocadillo de tortilla de patatas. Estaba bastante seco; el pan no lo comí. Bebí un acuarius y fui a la furgoneta, con María Jesús y Marisa, que amablemente atendían nuestras necesidades y caprichos. Me senté a la sombra y la verdad, no tenía ninguna gana de seguir la prueba. Estaba dispuesto a retirarme. Había ido a divertirme; no a comerme el tarro con pejigueras. Mientras estaba sentado apareció Begoña y me animó a seguir. Pero la verdad es que me faltó poco para parar.
También estaba Alex, un señor muy simpático, (con el que coincidí en la Brevet de 1000 de San Sebastián); iba con su mujer y de apoyo a otro colega suyo de Cataluña. Nos sacó muchas fotos; y nos daba continuos ánimos. Muy, muy agradable persona.
Con mala gana me puse las lentillas, me di crema solar. El calor era considerable. Comí algo de fruta, me llevé una pera para más adelante, y continué.

Cuarta etapa. Tortoles de Esgueva-Fromista. (85 km.)

Salimos juntos. Una cuesta empinada de inicio nos calentó las patas. Serían las once y media más o menos. Hacía tiempo que ya no tenía noción del tiempo. Sí, miraba el reloj de vez en cuando pero no veía la hora. Eran unos números que nada decían. Y eso era bueno. No me importunaba la prisa ni las ganas de llegar antes. Me permitía seguir al ritmo corporal.
Pascual iba por delante; adelantamos a un par de franceses, (o belgas valones). Y en el alto apareció una recta larga, que picaba cuesta abajo; y nos permitió rodar a alta velocidad. Tras algún repecho llegamos a Baltanás. Allí, por si las moscas, aunque estaba indicado, pregunté la dirección a Torquemada. Amablemente nos indicaron; y de paso, nos avisaron del alto que debíamos pasar. Ya a la salida del pueblo se ve como la carretera sube en ladera por un monte pelado. Parecía más de lo que era. Con el platillo pequeño la subí a gusto. Desde allí todo bajada hasta Torquemada y Villamediana. Antes de llegar nos adelantó la autocaravana de Begoña, y nos dijo si necesitábamos algo. Yo con el pulgar hacia arriba le indiqué que estaba todo en orden. En Villamediana debíamos tomar hacía Astudillo. Justo al pasar el pueblo un cartel en amarillo indicaba a ese pueblo; y seguimos esa indicación. Esa carretera subía y subía hasta unos molinos de viento. La verdad es que se hizo duro. Luego una bajada de cuatro kilómetros y se llegaba a Astudillo. Vimos que otros participantes venían por otra carretera. No sabíamos si nos habíamos perdido nosotros o ellos. Llegamos a Astudillo, tomamos una coca cola en un bar atendido por una autista. No nos dijo ni hola. Tan sólo el importe de la consumición. Quedaban doce kilómetros a Fromista. Hacía mucho calor, pero los encaramos con alegría y dando relevos.
El viento soplaba un poco de cara y se hicieron más duros de lo previsto; sobre todo, porque picaban un poco para arriba.
Al llegar al pueblo, (con bastantes peregrinos del Camino de Santiago), nos indicaron donde estaba el control. Sellamos. Hacía mucho calor y comí un pedazo de sandía. Al poco llegaron unos valencianos que polemizaron con Pascual sobre el tramo Villamediana-Astudillo. Al parecer nuestro recorrido no fue el correcto; a atajamos algo. Yo no quise entrar al trapo.
Allí nos esperaban María Jesús y Marisa. Rápido a comer, que no se podía estar en la calle del calor. Nos metimos en un restaurante con menú del peregrino. Comí macarrones con tomate, pollo, un helado y café. Del calor y del esfuerzo, no me entraba la comida pero debía obligarme a comer. La falta de apetito es un mal síntoma en la bicicleta. Y el no comer un lujo que en este tipo de pruebas puede resultar fatal. Así que, pese a todo comí lo que me sirvieron.
El café lo tomamos en la barra; charlamos un poco y sin mayor dilación reanudamos la marcha por Tierra de Campos. Teníamos cien kilómetros por delante, de mucho calor.

Quinta etapa. Fromista-Cistierna. (104 km.)

Yo salí con miedo: sin dormir, con la tripa llena, tres y media de la tarde, creo, y un sol abrasador. Pensaba que me iba a cocer en mi propia salsa. Pero había que salir. Eso sí con mi pera de rigor, para ahorrar agua y refrescarme con comida; además tiene mucho potasio.
Enfilamos hacia Carrión de los Condes los dos solos. Tramo plano, transitamos por poblaciones alusivas a la zona. Antes de llegar Carrión avistamos a un grupo. Podríamos acoplarnos a ellos. Eran los valencianos y Adell junto con su compañero y un par de catalanes.
Al salir de Carrión nos quedamos los catalanes, Adell y su compañero y nosotros dos. Intentamos hacer relevos para ir más rápido con el esfuerzo compartido, pero ya se sabe en ese tipo de grupos cada uno tiene su propia idea de cómo realizarlos, que es mejor que la de los demás. Y, pese a unos inicios prometedores, al final fue un caos, con problemas incluso para tomar la rueda o evitar el temible afilador.
Hacía mucho calor y no había sombras. Además la carretera era monótona, aunque al fondo se perfilaban los Picos de Europa. A pascual le entró sueño; y le sugerí parar. No quiso, pero poco a poco se desperezó. Nuestro objetivo era llegar a Saldaña y tomar algo para refrescarnos. Y aunque nos costó, llegamos. Paramos en la gasolinera de la entrada, tras pasar el puente. Bebimos pepsis de la máquina y compré hielo en el bar de en frente. Me robó de forma descarada: por una bolsa me cobró cuatro Euros. Bueno, llenamos los botellines de hielo, sobró más de la mitad. La dejé en el lavamanos del aseo de señoras y le rogué a la dependienta que si venía gente en bici que les dijera que podían usar ese hielo. De pasada nos preguntó de dónde veníamos, cuando se lo comentamos, (nuestra ruta al completo), pensaba que le tomábamos el pelo. A veces es mejor no decir nada, (y menos a la policía), no vaya a ser que nos encierren por locos.
Seguimos hacia Guardo y Cistierna. Ese tramo fue muy duro. Hasta Guardo, el calor y la carretera que se me antojaba hacia arriba. Fuimos los cuatro. Allí volvimos a parar: bebimos algo y compré yogur líquido. A mí me ayuda mucho cuando, por el calor, no puedo comer. También un paquete de actimel que compartí con Adell y su colega. Y otra vez a seguir.
La carretera continuaba hacia Riaño. Y Pascual ya se iba otra vez para allí. Menos mal que esta vez Adell nos libró de otro despiste. Había que girar a la izquierda a Cistierna y desde ese pueblo a Riaño. No directamente a Riaño. Unos italianos tuvieron la mala fortuna de confundirse en ese cruce; y se chuparon unos cuantos kilómetros de propina.
Ese tramo fue para mí el peor. Un montón de repechos muy empinados.. Menos mal que paramos en Puente de Almuley a saludar a un amigo de Adell que regentaba un bar. Con la disculpa nos tomamos una cerveza. Y tras superar los repechos llegamos a Cistierna.
En ese tramo recuerdo que a un francés, que parecía salido de Asterix y Obelix, pelirrojo y con un bigote tipo morsa, no hacíamos más que adelantarlo. Nuestra velocidad era mayor pero con las paradas acababa por rebasarnos y otra vez a superarle. Parecía de chiste.
Ya por fin, en un alto se divisan las casas de Cistierna, metidas en el valle. Ya estaba cansado de tanto repecho. Aunque conlleva una bajada; no permite coger ritmo, y se va muy desacompasado y siempre con un plus de exigencia: en el repecho, porque se supone que es corto; y cuanto antes se acabe mejor; y en la bajada, para recuperar el tiempo perdido en la subida. El balance es cero de desnivel pero es lo peor de las marchas de larga distancia, lo que va limando la fortaleza física y mental.
A la llegada Alex nos sacó unas fotos y nos dio ánimos.
En Cistierna, un control muy bien atendido. Me di una ducha, que me sentó de cine. La bebida y comida eran gratis. Tomé un par de acuarius y luego comí ensalada de pasta, que estaba rica. La rueda trasera me daba algún problema, el núcleo, así que como teníamos de repuesto, traídas por Pascual, me la cambió muy amablemente.
Charlamos jovialmente un rato, con Ibarretexe y sus acompañantes. Quería parlamentar para decidir qué hacer. Nosotros lo teníamos claro: ir al menos hasta Cangas de Onís. Nos avisaron que ese iba a ser un tramo duro, nos tocaba subir el puerto del Pontón. Los que atendían el control nos dijeron que hasta la presa el terreno es en falso llano, con un repecho final duro; hasta Riaño con subibaja y desde Riaño al alto, subida cómoda.
Cogí un bocata de jamón y queso y unas barritas de cereales del control y a pedalear.

Sexta etapa. Cistierna-Cangas de Onís. (99 km.)

Serían las siete de la tarde como muy tarde, cuando reemprendimos la marcha. El viento nos daba de cola. Y eso facilitaba el pedaleo. Al poco adelantamos a Adell y su colega. Iban más lentos que nosotros, y además pararían a dormir en Riaño, así le oí a Adell antes de salir.
Seguíamos a buen ritmo aunque era subida, con suave pendiente pero subida. Por fin divisamos el tramo duro. Tras una curva de herradura la carretera se encrespa hasta llegar a un pequeño túnel. En esa zona nos adelanta el coche de Alex, y nos animan él y su mujer. Lo subimos cómodos y seguido, una recta que da a un túnel más largo e iluminado. Y al cruzarlo se adivina un circo magnífico y la presa con el pantano. Atravesamos la presa, y en continuos repechos enlazados alcanzamos Riaño. En esa zona también superamos a un grupo de italianos con algún español, que iban a un ritmo muy cansino. En Riaño paramos en la gasolinera para tomar una coca cola y poner las luces. Seguimos y poco después debemos parar otra vez a abrigarnos con las perneras y manguitos, se notaba el frío. Así subimos el Puerto del Pontón. La verdad es que no se me hizo muy duro. Desde luego, mucho menos que el tramo de Guardo a Cistierna. Ahora tocaba bajar, y en esta faceta soy bastante malo. En el alto le dije a Pascual que fuese delante y que si quería correr que ya llegaría yo después al Control. Me dijo que le siguiese, que fuese pegado a la línea central y así bajaría mejor. La verdad es que gracias a que se puso primero, pude conocer la trazada, el buen asfalto, sobre todo en el tramo leonés, las luces, que eran muy potentes. Bajamos, bajé a un ritmo muy rápido. Es cierto que de noche en las curvas se puede arriesgar un poco más; ya que la luz del coche de frente avisa, si viene. Y, paradojas de la vida, de noche se bajan los puertos mejor, si tienes una buena luz y el asfalto y señalización horizontal son buenos. Hasta Cangas se hizo muy pesado, parecía que no se acababa nunca de bajar, primero por el cañón del Sella y luego siguiendo los pueblos, con menos curves, como nos dijo un paisano, pero al fin llegamos a Cangas.
El control estaba un poco escondido, pero por fin lo encontramos. Allí estaban María Jesús y Marisa con síntomas de sueño. Nos dijeron que José Luis se había retirado y dormía en el polideportivo. Charlamos un poco con el chico que atendía el control. Nos puso un par de bocadillos de lomo; nos dimos una ducha y sin mayor dilación a dormir. Le pedimos que nos despertara a las cinco.
No había colchonetas gruesas, así que tuvimos que conformarnos con las delgadas. No había mantas, pero no s dijeron que no nos iban a hacer falta: dentro se respiraba mucho calor. Me puse los tapones en los oídos, (siempre llevo para poder descansar en los controles: soy un poco maniático con los ronquidos ajenos, y había un espécimen que roncaba de lo lindo). Y la verdad es que descansé bastante bien. Además la sensación de limpieza ayudaba mucho.
Me desperté poco antes de las cinco y vi a Pascual que estaba tapado con otra colchoneta, parecía un oreo de esos que nos dieron con la bolsa.
Tras el sueño reparador, nos vestimos. Yo notaba un punto en la garganta. No le di importancia. Comimos algo y a caminar. Pascual hablaba con Alex; le intime para que nos fuéramos y me dio una mala contestación.

Séptima etapa. Cangas de Onís-Gijón. (80 km.)

Salimos de noche Pascual y yo solos. Pensaba que iba a ser un tramo llevadero. Una estúpida impresión, un prejuicio infundado, que no se confirmó.
Hasta Arriondas la carretera parecía querer bajar, pero, yo notaba que tenía que dar pedales con fuerza para avanzar; no iba fluido, con ese pedaleo voraz e infatigable. Ya en Arriondas tomamos la N-634 hacia Oviedo, que tan malos recuerdos me trae de las Brevets de Bilbao, con sus repechos interminables, el viento furioso. Esta vez no hacía viento, y pensé que sería llevadero. Pascual se distanciaba unos metros, y miraba continuamente atrás. Yo a mi ritmo. En ese tramo encontramos al primer participante que volvía, (eso creo, iba con luces y nos saludamos efusivamente).
Antes de pasar Infiesto en un repecho, con la amanecida alcanzamos a Santi, de Erandio, no siguió nuestro ritmo. Seguimos subiendo y bajando repechos, que se me hicieron muy duros. En uno de esos repechos paro a mear; ya no veo a Pascual. Y la carretera N-634 se orilla a la derecha, (dirección Pedraces, Pola de Siero), para dejar paso a la Autopista. Yo seguí. Como mandaba la hoja de ruta, por la N-634, no sin antes preguntar en Pedraces, si iba bien. A lo lejos no veía a Pascual, y me imaginé que se había confundido y continuado hacia la Autopista. Le llamé y no me cogió el teléfono. Decidí continuar. No lo veía ni por delante ni por detrás. Al poco de reanudar la marcha le veo que viene con Santi; efectivamente, se había equivocado. Y tras algún comentario seguimos ruta. Ahora los tres juntos. Santi conocía el camino y el cruce hacia Gijón.
Pasamos Pola de Siero, llegamos a El Berrón, y tomamos la carretera que enfila hacia Gijón. En medio el Alto de la Madera, un pequeño puerto, para alegrar la jornada ciclista. Antes de subir paro a mear otra vez: no rompía a sudar. La subida es muy cómoda, sin grandes repechos, y como es temprano el calor no aprieta. Ya bajando nos encontramos con grupos que volvían. Entre ellos un grupo en los que iban Román e Iker. Hasta Gijón era todo bajar. Una gozada. Estaba contento y todavía me quedaba otro tanto de lo realizado.
En Gijón, el control estaba en el Palacio de Deportes, junto al Molinón, al Este de la ciudad. De todas formas la entrada estaba muy bien señalizada con carteles en todos los cruces. Tras callejear, llegamos al control, allí estaba Alex, Benayas que nos sacaron unas fotos a la entrada y a la salida.
El control era magnífico. Sin desmerecer al resto, el mejor de todos. En la planta baja un lugar para dejar las bicicletas. Y en la planta primera el restaurante, atendido de forma muy amable. Se desvivían por atendernos. Yo comí unos macarrones con tomate y queso. Me sentaron de maravilla, luego un sobado con café y fruta. Descansamos un poco y tras dar las gracias, llenar botellines, a continuar la marcha.
Ya sólo quedaba la vuelta.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
rbargut



Registrado: 20 Jun 2007
Mensajes: 24

MensajePublicado: Mar Sep 08, 2009 10:05 pm    Título del mensaje: Responder citando

Madrid-Gijón-Madrid. VUELTA

Octava etapa. Gijón- Cangas de Onís, (80 km.).

La salida de Gijón, por su casco urbano, era diferente a la entrada. Así que debíamos estar atentos a las señales. No tuvimos problemas, pese a que alguno, ya quiso realizar una ruta alternativa de salida.
Antes de llegar a Mareo empieza la subida, un repecho fuerte y luego bastante más tendida. Y suavemente, charlando, pedaleamos hasta el alto. Ahora veíamos a los que iban hacia Gijón. Bajamos rápidos hasta El Berrón y de allí pensaba que iba a ser un tramo tan desagradable como el de ida. Pero no fue así. El viento nos daba de cola; y nos permitía ir a buena velocidad.
Antes de llegar a Pola de Siero nos cruzamos con el grupo de Emilio, saludé a Nuria casi de pasada. Paramos poco después a tomar una coca cola. Los repechos eran mucho más llevaderos por este lado. La verdad es que nuestra velocidad era considerable. Un poco después nos encontramos con Javier padre e hijo que iban acompañados por José Luis. Y ya en el cruce para Cangas, que el viento era de cola totalmente, nos permitió correr un poco más.
Mientras mi garganta dolía cada vez más. Me costaba tragar. Supuse que fue del frío de la noche de Cangas. Nunca lo sabré; pero tampoco estaba preocupado. Era un dolor llevadero; y no repercutía en mis facultades ciclistas. Nos adentramos en Cangas hasta el control. Allí nos esperaban Maria y María Jesús. Fichamos. Conversamos en especial sobre la extrañeza de que José Luis hubiese reemprendido la marcha. María Jesús me preparó un delicioso bocadillo de tortilla con jamón y tomate. Pascual se tomó un bocata de lomo con queso de los que daban en el control.
Habían comprado un bizcocho de manzana, esponjoso y muy rico. Comí un buen pedazo. Y sin perder mucho tiempo, intimado insistentemente por Pascual, reanudamos la marcha. Santi había salido hacía un rato. Quedaba una larga subida de 45 kilómetros.

Novena etapa. Cangas de Onís-Cistierna. (99 km.)

No sabía la hora que era a la salida. Había perdido la noción del tiempo hacía tiempo. El cielo amenazaba lluvia. Nubes negras se cernían a nuestro alrededor y por las cumbres de los montes. Yo, por si las moscas, llevaba cerca el chubasquero; también me había aprovisionado de una botella de agua pequeña que llevaba en el bolsillo del maillot.
Tras el callejeo de rigor, ahora dificultado algo por el tráfico turístico, salimos para la carretera que lleva hasta León por el puerto del Pontón. El viento nos daba de cola; y aunque el tramo era de subida, muy ligera al principio, nos permitía rodar a buena velocidad. Así fuimos pasando pueblos y caseríos al margen de la carretera. No recuerdo los nombres y tampoco quiero recurrir al fácil recurso del plano para citarlos aquí, barnizando mi ignorancia. Había algún repecho duro pero entre el viento y que eran cortos fuimos tomando altura. Ya por fin entramos en León, el pavimento era mucho mejor. Mientras adelantábamos a ciclistas que subían con piernas pesadas, o esa impresión me daban. Es difícil discernir cuándo realmente empieza el puerto propiamente dicho. Yo puedo decir que tras dar una curva de herradura la carretera se empinó bruscamente, poco después de pasar un túnel largo. Para mí allí empezó el puerto. Metí el platillo de treinta y dos dientes y a disfrutar de la subida. Según mi cuentakilómetros me quedaban unos veinte hasta arriba. Y esas rampas se me estaban haciendo muy duras. Había mirado la altimetría de ese puerto previamente y no tenía rampas duras. Sería ya la acumulación de kilómetros, pero ese tramo se me hizo muy duro. Pensaba que si seguía así, no llegaría hasta arriba. Pero poco después suavizaba; y me permitió tomar un poco de aliento. En Oseja de Sajambre paramos a tomar una coca cola. No nos demoramos mucho; seguimos ruta. Desde allí la carretera ascendía a trompicones: un tramo duro y otro llano. Había cogido un buen ritmo; y subía, si se puede decir, a gusto. La niebla ya se había adueñado de todo el paisaje. No era muy espesa, pero enfrió bastante el ambiente. Yo, como siempre, hacía mis cálculos de lo que me quedaba. Y así dosificar el esfuerzo. Poco antes del alto, me adelanto un poco, con permiso de Pascual, para coronar primero y ponerme los manguitos, el chubasquero y el chaleco reflectante. Al coronar, estaba Alex y su mujer. Me hacen una foto. Al parar veo a Santi. Le saludo, me voy vistiendo. Viene Pascual, y me intima a que no pierda mucho el tiempo. Apuro el botellín de agua, se lo doy a la mujer de Alex para que lo tire al contenedor, y sin hacer mucho caso de las palabras de Pascual salgo a mi aire.
El baja mucho más deprisa que yo. Y le voy perdiendo de vista. Tan sólo en alguna recta, lo diviso al fondo. Al bajar de cota, el cielo se va despejando, y me sobra la ropa que me he puesto. Así que paro y me despojo del chaleco y del chubasquero. Ahora sí que lo he perdido de vista. Está emperrado en alcanzar a Román e Iker, no lo lograríamos.
Voy bajando a mi aire, disfrutando del bonito paisaje; y en un repecho antes de la presa veo a Santi y Pascual que bajan tranquilos. Creo que me esperan. Les alcanzo, Pascual me dijo si había bajado tan despacio adrede; yo le dije, que no; que soy un mierda, (remedando a otro Rafael).
En ese tramo les rebaso. Ahora eran ellos los que iban muy despacio. Les saco un buen trecho; y me paro a mear y esperarlos. Yo no entendía nada. A lo mejor yo era el tonto. Sí, lo más seguro.
Llegamos a Riaño y lo pasamos, también el túnel, la presa y la rampa, la carretera se precipitaba hasta la curva de herradura. Y tras ella, disminuía la pendiente de forma considerable. Pasamos pueblos, saludados por los paisanos. Santi se quería quedar. Ahora el viento nos daba de cara. Le animamos para que viniera con nosotros hasta Cistierna. Si se quedaba solo, le iba a costar más tiempo y esfuerzo. Yo también me notaba un poco cansado; pero por lo menos daba relevos para compartir el esfuerzo. Un cartel marca a Cistierna dos kilómetros. Ya estamos, pienso. Pasa un kilómetro, ni rastro del pueblo, pasa otro kilómetro y tampoco. Al poco se empiezan a divisar las primeras casas. Seguro que a un peón le encargaron poner ese cartel; y lo situó donde Dios le dio a entender. Ahora me parece gracioso; pero cuando uno está cansado y con ganas de llegar, no le hace ni pizca de gracia que las señales le engañen de ese modo.
Ya en Cistierna directos al control. Otro sello; allí estaban María Jesús y Marisa. Habían cocinado cuscus. Tras lavarme y hacer mis necesidades, y beberme un par de acuarius, compartí el cuscus con Santi. María Jesús lo ilustró con fruta; y estaba buenísimo. Comí también un poco de la empanada, del control, que descubrí a la vuelta. Charlamos un poco con el joven que atendía el control, con los valencianos.
En los controles la gente empezaba a quejarse unos; otros daban vueltas tratando de distraer su cansancio y fatiga. Yo todavía estaba bastante entero. Cansado pero con la alegría física y mental suficiente. Me encontraba bien, ¡Qué diablos!
Y había que continuar. Nuestro objetivo era llegar a Fromista para dormir allí; y el viernes terminar. Pascual hacia sus cálculos en cuatro horas los cien kilómetros. Yo callado, sabía que eso era un quimera; un imposible. No habíamos hecho esa media ni de salida; con que ahora, con el cansancio y la vigilia, iba a ser imposible.
Serían alrededor de las ocho, calculo. Debíamos partir. Y ese tramo, hasta Guardo, a la ida se me hizo muy duro.

Décima etapa. Cistierna-Fromista. (113 km.).

El viento nos era propicio, menos mal. De salida un repecho seco. Lo subí a ritmo, pero me dejó las piernas calentitas. Delante de nosotros vimos a un ciclista que culebreaba. Poco a poco lo alcanzamos, lo saludamos, era alemán, de Hamburgo, (al menos eso indicaba su maillot). Una corta bajada y otro repecho empinado. A la ida, pensaba que los repechos que subía eran más largos que las bajadas; y que, a la vuelta, no sufriría tanto, (como en el tramo de Cangas a Gijón). Y los repechos eran muy duras también por este lado.
Ya atardecía y los tonos pardos de los prados brillaban con el sol de poniente; y alguna pareja de viejos paseaba por los caminos aledaños, con los pantalones de mahón, con el gorro de paja y ese andar cansino, sin espera. Al pasar junto a ellos, no pude reprimir una cierta nostalgia del urbanita frente a la idílica figura del campo en las tardes de verano. Espejismo roto por la voz de Pascual que me animaba a seguir. Sí, sí, ya sigo.
Más repechos, el viento que entraba en ladera y se arremolinaba, dándonos de vez en cuando de cara. Al poco un coche parado en la cuneta, la dueña gesticulando ante la llegada de la grúa. Los pasajeros, también mayores, charlaban entre ellos con cara de asombro y de curiosidad. Una novedad. Pasamos Puente de Almuley. Y, lo que a la ida parecía una recta inofensiva; se había convertido en una subida incómoda. Ya alcanzado el punto más alto, quedaba una bajada nerviosa hasta Guardo. Paramos en el mismo bar que a la ida. La señora, que nos atendió prontamente, nos dijo: ya volvéis. Sí, le respondí. No sé si fue por hacerse la simpática o porque nos reconoció, pero ahí queda eso.
Nos bebimos los cafés. Ya era de noche y nos pusimos los aparejos nocturnos, y sin mayor dilación a seguir. Era pronto para cenar; así que mejor en Saldaña. El viento de cola de forma ostensible. Subimos el repecho de salida, y una vez allí, a relevos avanzamos kilómetros a gran velocidad. Alcanzamos al alemán, que debió de superarnos en nuestra parada de Guardo. Le indiqué que se pusiera a rueda. Y fuimos dando relevos Pascual y yo, (yo templaba un poco a Pascual, que daba unos relevos muy fuertes). El alemán me dijo que no hablaba español; yo le dije que hablaba alemán. Y me contó entrecortado que íbamos rápido: y era una suerte para él. Dio un relevo, (uno cuando va a rueda, piensa que está lo suficientemente fuerte para dar un relevo, y recomponerse a cola, tras el esfuerzo, pero muchas veces no es así). Y tras dar su relevo, se descolgó. Yo lo vi; y le dije a Pascual que bajase. No me parecía correcto dejarlo allí. Se enganchó de nuevo. Nos dio las gracias, y me dijo que no había funcionado la rueda. Tranquilo, atrás y llegamos juntos, fue mi respuesta. De vez en cuando, se le oía decir, muy rápido, muy rápido.
Nosotros pararíamos a cenar en Saldaña; el prefería llegar a Fromista. Así que en ese pueblo nos separamos.
Entramos en el pueblo y tras preguntar dónde se podía cenar, nos indicaron que el mejor sitio era a la entrada, un hotel-restaurante llamado La Brasa. Al entrar al pueblo pasamos a su lado.
Serían las diez y media de la noche, pero no tuvimos problemas para cenar. De primero ensalada. Estaba muy buena pero era una ración copiosa que no pudimos terminar. Además al sentarme, tenía miedo de que me entrase el sopor. De segundo, pescado: yo, lubina, de ración, pero muy rica. Para beber tomé gaseosa. No quería beber alcohol, (cerveza o vino), para evitar la somnolencia. Postre y café doble.
La cena fue muy buena, el servicio estupendo. Nos atendió una chica muy amable. Le rogamos que nos sirviese con prontitud, para no perder mucho tiempo. Y lo efectuó con diligencia y atención. Nos invitó, incluso, a dormir, en el hotel. Agradeciendo su invitación, partimos. Debíamos llegar a Fromista para dormir allí.
Pregunté la salida: no quería aventuras. Y volví a preguntar a un coche, ya en la carretera. Y enfilamos en la buena dirección; y justo delante de nosotros partía un grupo numeroso, (de diez o doce). Eran los valencianos con algún infiltrado. Impusieron un ritmo alto. No daban relevos. Tenían, al parecer, algunos galgos, que llevaban al grupo. Yo di algún relevo, para quitarme la el sueño. Justo antes de llegar a Carrión de los Condes, un pinchazo hizo parar al grupo. Nosotros contiunamos. No por falta de solidaridad; sino por que no éramos necesarios. Así que seguimos rumbo a Fromista. En Carrión vuelta a preguntar la dirección. Ya en buena dirección, recorrimos los casi veinte kilómetros a buen ritmo, a relevos.
Ya en Fromista, María Jesús y Marisa nos habían dejado unas sábanas que tenían en la furgoneta para abrigarnos. No las despertamos. No había ducha, así directamente a dormir. Cogí una colchoneta gorda para Pascual; y otra para mí. A fuera vi la bicicleta de Román. Dormían también allí. Pero se iban a levantar a las dos y media; y nosotros a las cinco. Aunque intenté dormir, la garganta me dolía, y tuve una noche revuelta. Para las cuatro de la madrugada estaba despierto. Si por mi hubiera sido, habría salido. Pero esperé a la hora establecida.
Me levanté, hice mis necesidades, tomé un chocolate con bizcochos, conversamos con el muchacho que atendía el control. El viento afuera movía los árboles que daba miedo. Nos trataba de tranquilizar. Pero pensamos que el viento nos daría de cara y de forma furiosa. Así que, sin perder más tiempo, nos montamos en las bicicletas, tras encender luces delanteras y traseras.

Undécima etapa. Fromista-Tortoles de Esgueva. (92 km.).

El viento soplaba, aullaba y daba pavor. Eran las seis de la mañana. Y el viento era mi mayor preocupación. Dentro del edificio, ¿polideportivo de Fromista?, se oía pero no se sentía. Y ahora, lo íbamos a sufrir.
Salimos del recinto, callados, taciturnos. Y tomamos la carretera para Astudillo, trece kilómetros. Y, sí el viento soplaba, pero no molestaba mucho; entraba como revirado, y esa sensación nunca la he tenido antes: notar como sopla el viento pero no sentir sus efectos, (buenos o malos). Fue muy curioso. Un efecto anormal, tal vez producido por una alteración de la percepción sensorial. El caso es que pasamos por el Canal de Castilla, y llegamos a Astudillo. Y volvimos a tomar la subida hasta ese mogote, para llegar a Villamediana: la subida fue suave, cuatro kilómetros, y luego falso llano. Y después una bajada irregular, con piso en alguna curva peligroso. Atravesamos el puente romano sobre el Pisuerga. Y el paisaje cambió de repente, ahora más árido, más pelado, más lunar, con los montículos coronados por molinos modernos. Transitábamos por la vaguada y debíamos atravesar un primer alto hasta llegar a Torquemada.
El viento nos favorecía otra vez; soplaba del Oeste. De todas formas me costó subir ese primer montículo. Un tramo de carretera que parece que no tiene mucha subida pero la bicicleta no avanza, como si quedara pegada al asfalto. Tras culminar, como diría un argentino satisfecho, una bajadita; atravesamos el pueblo, creo; y otro alto de iguales o peores características, que ascendimos mal que bien. Ahora el cansancio nos enmudecía; tan sólo se oía algún mohín del esfuerzo. Ya había amanecido hacía un rato; y llevábamos un buen rato pedaleando, (alrededor de dos horas, o más). Así que en Baltanás desayunaríamos.
Llegamos a Baltanás hacia las ocho pasadas, si mal no recuerdo. Preguntamos para desayunar; y nos indicaron un par de bares en la plaza del pueblo. Enttramos en el primero que vimos. Estaban terminando la tortilla de patata, así que, sin lugar a dudas, pedí un pincho con un café. Tardó la tortilla un poco más de la cuenta, llegó, sin reposar, y ardiendo, pero riquísima. La comí con bien de pan. Luego, un par de magdalenas, con el café.
La señora que dispensaba era muy simpática. Y nos dio ánimos para terminar con éxito nuestra aventura. Continuamos, ya para Tortoles. Y, cómo no, otra subida a un montículo de esos. Yo me empezaba a preguntar, si quien diseñó esa carretera, tenía alguna monomanía con los montículos; y allá donde viera uno, debía llevar la carretera hasta su alto. Lo subí, callado, y a una pequeña distancia, (por detrás), de Pascual. Y tras coronarlo, una inmensa recta con una pequeña pendiente de subida. Yo paré a mear; una excusa para descansar un poco, como aquél que en el Tourmalet, paraba a cada rato para tomar fotos. Por esas nos alcanzó la furgoneta con María Jesús y Marisa. Nos saludaron, fotos y hasta el control.
Tras terminar esa larga recta, se alcanza la parte más alta y en rápida bajada se llega a Tortoles. Entrada, cada uno por su lado al control: sello y a tomar algo.
Me bebo un acuarius, charlando con Marisa y María Jesús y los del bar. El dueño me ofrece unas sopas de ajo. Ni dudarlo. Me sacó un plato con ese fino olor a ajo tostado en aceite, no quemado, con el pan reblandecido por la suave cocción. Un plato humilde, pero muy sabroso. Me sentó de cine. Pascual nos contó que a él le obligaban a comerlo de pequeño; y, por ello, lo aborrecía. Yo pensé, peor para él; y seguí comiendo.
Ese sería el último control en el que contaríamos con apoyo de María Jesús y Marisa. Debían volver a Madrid, porque María Jesús precisaba estar en Vitoria el sábado. Y, como íbamos en dos grupos, estaría con Román e Iker. Ellos llegarían antes. Agradeciendo el gran favor, nos despedimos. Llenamos los botellines y a caminar.
En ese pueblo también Alex nos sacó algunas fotos.
Ya nos quedaban pocos más de doscientos kilómetros; se empezaba a vislumbrar el final. Y afloraba el ansía por llegar que te retarda. (Frase con enorme paradoja, incluso temporal y personal).

Duodécima etapa. Tortoles de Esgueva-Ayllón. (81 km.).

Miré hacia atrás, como una despedida ritual, (aquí he estado). Y con el sol calentando comenzamos a pedalear por la C-619 hacia Aranda de Duero. Yo iba detrás de Pascual. No es que fuera mal, pero a veces uno tiene la sensación de que tu compañero va mejor. Y debes situarte en la retaguardia para que asuma el mando. Marcaba un buen ritmo. La susodicha carretera era rectilínea, con repechos llevaderos. Yo estaba bastante animado; y trataba de contagiar a Pascual. En algún tramo le daba relevos.
El trazado de la carretera nos fue hipnotizando. Y antes de llegar a Aranda íbamos como zombis; creo, que yo un poco menos que Pascual. Recuerdo que a unos quince kilómetros de Aranda me invadió el sueño, fue de repente, como un manto que cubre mi mente y la obnubila, la deja abotargada, mostrenca. Pascual no iba mejor. Tan sólo trataba de continuar, de no despistarme demasiado. No canté, algo raro en mí; ni me paré hasta llegar a Aranda. Sabía que teníamos que coger la carretera general N-I, para desviarnos en Fuenteespina. Pero debimos pasarnos el cruce, y llegamos hasta Aranda. Preguntamos la dirección para Fuentespina. Y nos indicaron perfectamente. Antes de salir de Aranda paramos en una gasolinera. Bebimos unas coca colas; y nos sentamos en el suelo, en la acera con la cristalera de la gasolinera a modo de respaldo. Allí nos quedamos traspuestos por un lapso de un cuarto de hora, calculo. Recuerdo que al abrir los ojos, un niño nos miraba desde la ventanilla trasera de su coche, con cara de incredulidad. Le pareceríamos mendigos, vagamundos sin techo ni casa, arrojados al exterior y desamparados. Y desde su seguridad paternal, le resultaríamos dignos de compasión. Seguro.
Ya nos desperezamos y decidimos continuar. Ya no tuve más problemas con el sueño; algún bostezo, pero sin trascendencia.
Al salir, por si las moscas, volví a preguntar. Y me dijeron que todo recto. Y efectivamente, enseguida alcanzamos el cruce de la N-I, a la par que un coche de la Guardia Civil. Nos incorporamos a la N-I hasta el cruce de Fuentespina. Delante de nosotros circulaba una señora en bicicleta y con dos bolsas de compra, una en cada mano. Al adelantarle yo, la saludé y me dijo, si éramos de la prueba esa, de Madrid- Gijón. Yo le dije que sí, bajando el ritmo. Me miró, mujer recia de mediana edad, pero guapa, y me espetó, que os dan. Yo le dije que nada. Y me reconvino: estáis un poco locos. Yo me callé. Y al poco le pregunté por el cruce hacia Fuentespina y Ayllón. Ahí lo tienes, majo. Siguió para adelante y nos despedimos.
Teníamos unos cuarenta y dos kilómetros hasta Ayllón. Yo pensaba que eran menos. El calor apretaba lo suyo. Al salir de Ayllón paré para comprobar que era la dirección correcta; estaba casi seguro. Tuve la prudencia de pararme al lado de un hito kilométrico. Y al comprobar la carretera con la de la hoja de ruta, vi que no coincidían. Y me alarmé. No quería más extras. Pascual no se había detenido. Al poco apareció una furgoneta y la paré con indicaciones exageradas; casi me planto en medio de la calzada. Me tranquilizaron: era la carretera que llega a Ayllón, sin problemas, ni desvíos. A continuar. Al poco, ya veo el cartel indicativo para Ayllón. Y a dar pedales.
Todo ese tramo fue duro, no había mucha pendiente pero todo el rato la carretera iba en ascenso, de vez en cuando un repecho corto, y otra vez a seguir con esa subida imperceptible, pero que lima y lima. Había hecho mis cálculos sobre el kilómetro en que tenía que llegar. Llegamos al Embalse de Linares, y el sol calentaba de lo lindo. De vez en cuando miraba para atrás para comprobar si se acercaban otros participantes. Ya queda menos pensaba. Tenía agua suficiente pero no quería beber en exceso por si las moscas. Durante mucho tiempo de la prueba, había tenido la boca seca, ahora también. Y al tragar ahora, con el dolor, tenía arcadas muy convulsas. Parecía como si las tripas quisieran salir por la boca. Ahora al recordarlas de nuevo, siento ese flato previo. Se pasaron.
Pensaba que quedaban cinco kilómetros para Ayllón, ¿Qué ganas tenía de llegar! Pero no quedaba el doble. Me sentó mal pero no quedaba otra. Seguir dando pedales: ahora el terreno plano. Por fin avisté el cartel indicador Ayllón y directos al control. Mucho calor; eran las dos de la tarde, más o menos. Al llegar al control, a gente nos aplaudía. Alex nos sacó un par de fotos. Allí estaba Santi con su mujer y las de los valencianos. Comimos en el bar del control, las piscinas de Ayllón: Yo, ensalada de pasta con una jarra de cerveza con gaseosa y un helado. Pascual tortilla. Charlamos con la gente que comía, con Santi y a eso de las tres de la tarde partimos para subir otra vez el Puerto de la Pela. Antes de salir llené el botellín con agua y hielo y compre una botella pequeña de agua para llevarla de suplemento en el maillot. Y con el inmenso calor a subir el puertecito de marras.

Decimotercera etapa. Ayllón-Atienza. (55 km.)

Partimos con calor y animados, pese a que ante nosotros teníamos un puerto que a esas alturas de la prueba iba a resultar duro.
Los primeros kilómetros eran suaves; se podía ir a un ritmo alegre, pero sin derroches. La carretera, con un piso bastante malo, discurría entre bosques y con sombra se agradecía. Algún coche que pasaba nos pitaba y daba ánimos.
En un pueblo antes de la subida propiamente dicha, Pascual pidió a unos albañiles, que trajinaban con una manguera, agua. Le llenaron el botellín; a mí no me hacía falta. Continuamos. Y yo iba más lento que él en la subida. Sin embargo se quedaba a mi lado. Y eso no me gustaba. Una cosa es ir tirando en el llano, para beneficiar a quien sigue al rebufo; y otra distinta es subir en paralelo un puerto. Soy de la opinión que los puertos son cosa de lucha solitaria: cada uno busca su ritmo, o su particular umbral de sufrimiento. Yo subía lento pero seguro. En una rampa dura, me sacó unos metros. Y me alivié. Y poco a poco me fue sacando más distancia. Al llegar a un descanso, (yo pensaba que allí terminaba, pero a lo lejos divisé como la carretera serpenteaba hacia arriba), vi que me sacaba un buen trecho. Alcancé el alto; y pensé, ahora todo bajar hasta Atienza. Pero se me hizo más dura la presunta bajada que la subida. El viento soplaba de cara; y en las largas rectas, con poca pendiente, debía realizar un esfuerzo grande para avanzar. El calor era muy alto; y no quería beber mucha agua, por si acaso.
Sabía que iba bien. Por allí no discurre otra carretera, pero se me estaba haciendo tan duro, que pensaba de forma obsesiva que esa carretera no podía ser; ahora tocaba bajar; me habían engañado; devuélvanme mi dinero. En un pueblo, cuando el agua escaseaba, pregunté primero si la carretera iba a Atienza; respuesta obviamente afirmativa, veinte kilómetros. Y, después, si el pueblo tenía fuente; también que sí. Me dijo que tenía que bajar y no sé que más. La pereza pudo más que la sed. Miré el botellín; y pensé que tendría agua suficiente, caliente pero suficiente. Le di las gracias y partí.
Seguí y a lo lejos se veía el castillo de Atienza, estaba tan lejos que al principio pensé que era el de Jadraque. Luego, ya me di cuenta que era el de Atienza, pero parecía que se mantenía inamovible en la lejanía. Y hasta allí debía llegar. Y la bajada era pura entelequia; yo no hacía más que llanear y subir repechos. Sí, se vez en cuando una bajada, pero que me sabía a poco. Y el agua que escaseaba, y la racionaba. Recuerdo que a unos cinco kilómetros de Atienza atisbo un repecho que me laminó la moral. Luego lo subí bien. Al fin veía un poco más cerca el castillo. Ya vi el cartel del pueblo y en vez de tomarlo, seguí hasta entrar por el cruce de Cogolludo; no fuera a ser que me perdiera y ascendiera de más: el control estaba en la parte baja. Llegué bastante fundido; debo reconocerlo. Allí estaba Pascual. Nos saludamos y entré a fichar y beber algo. Llevaba el control Porta. No estaba, debía esperar. No importaba. Me tomé un par de acuarius. Me sentaron de cine. Y luego otro más. Ya vino y selló primero a dos italianos, y luego a mí. Apareció Pascual y me dijo, que continuaba; que como yo iba más lento, me esperaría en Algete descansando. Le miré y le dije, que de acuerdo. Nos despedimos, se fue, y me quedé un rato más.
El viento venía del Oeste, es decir, que iba a soplar de cara y además con mucha fuerza. Bueno, ya quedaban poco más de cien kilómetros.
Llené el botellín. Me monté en la bicicleta y sólo encaré hasta el siguiente control. Pensaba que los italianos me alcanzarían.

Decimocuarta etapa. Atienza- Cogolludo. (42 km.)

El viento soplaba fuerte de cara y traía mucho calor. Sabía que iba a sufrir mucho. Pero poco avispado esta vez no llevé un botellín de agua adicional en el maillot. El primer pueblo que se alcanza es Hiendelaencina, a mitad de camino. Si necesitaba algo, siempre podía parar; eran veinte kilómetros.
Los primeros kilómetros de bajada, y tras llegar a la vaguada, una subida larga que pondría a prueba mi resistencia física y mental. Metí el platillo de 32 y fui jugando con los piñones altos, 21 a 25. Esa subida, creo que todo participante de la MGM se acordará, parece que no tiene nada, comienza suave, como sin querer, y poco a poco la pendiente se eleva, y se da una curva, y sigue subiendo; y otra curva y sigue subiendo. Aunque la conocía de alguna brevet de Pueblo Nuevo, se me hizo muy larga. En el alto, bebo un trago de agua; y ya decido parar en Hiendelaencina. Sigo subiendo algún que otro repecho, con sus correspondientes bajadas. Desde Atienza hasta Algete, se bajaba de cota; es decir, que en teoría era de bajada pero con esos toboganes tan imponentes, no lo parecía.
Por fin llego al cruce de Hiendelaencina. Subo la cuesta que llega al pueblo y diviso el bar, en la plaza del pueblo. Creo que eran fiestas; no me preocupó mucho. Pedí un acuarius, un helado y una botella grande de agua. Me tomó el helado; bebo el acuarius y lleno el botellín con el agua casi congelada. La que sobró la bebí. Y seguí ruta.
Al llegar al cruce de la carretera CM1001, pensé que los italianos habrían pasado. Me daba igual. Yo a seguir tranquilo. Estaba contento. Me dolían las piernas, pero iba muy entero. Ya empezaba a oscurecer.
Llegué al Embalse de Alcorco, y la suave temperatura, el esplendido paisaje y la fragancia que despedía la vega daban una atmósfera mágica a aquella puesta de sol, que vivía en directo. Nunca la olvidaré. Me sentí tan a gusto, solo, molestado intermitentemente por algún coche pero disfruté de aquel tramo. Llegue al alto previo a Cogolludo. Desde allí una magnífica bajada a través de un secarral con pinos. Metí plato, y cantando descendí. Luego en el último tramo, con pendiente más acusada, sin dar pedales llegué a la parte baja y me di un poco de impulso para subir el repecho hasta Cogolludo. En ese tramo algún coche me pitaba para animarme. ¡Joder, estaba muy contento!
Paré en el bar de la rotonda, (donde se suele efectuar el control de las brevets de Madrid). Tomé un acuarius y otro helado. Llené de agua el botellín. Pregunté por el polideportivo, me indicaron amablemente unos paisanos que estaban en la terraza del bar; y me avisaron de no confundirme en el cruce. A mano derecha, a mano derecha- repitieron. La verdad es que ese cruce lo conocía. En la brevet de 200 de Madrid me confundí y eso esta vez no iba a ocurrir.
Llegué al polideportivo. Vi la bicicleta de pascual, lo que me dejó sorprendido. Yo pensaba que ya estaría descansando en Algete. Entré en el frontón y estaba sentando en el suelo, apoyado contra la pared; y no tenía muy buena cara. Le saludé. Sellé, bromeé con las personas que lo atendían. Y bebí un par de yogures líquidos, parecidos al actimel. Y otra pequeña charla; llenado de botellín. Mojado de gorra en el cubo de las bebidas. Y a seguir.

Decimoquinta etapa. Cogullado-Algete, (67 km.)

Pascual seguía sentado sin decir nada. Yo le intimé a continuar, salí y le esperé en la carretera. Iríamos juntos. En el famoso cruce, Pascual iba a seguir recto, (yo ya sabía que iba mal), pero rectificó a tiempo por una señal de la organización. Seguimos por la CM 1001; nos quedaban unos sesenta kilómetros. Y ante nosotros un repecho interminable. Sí recuerdo un dolor de piernas intenso. Lo subí de todas formas bien, a ritmo. Ese era el último gran repecho. Luego la carretera seguía plana prácticamente hasta el Casar, más o menos.
Sabía que debíamos girar a la izquierda hacia Viñuelas. Por si acaso, al parar para poner las luces y vestirnos el chaleco reflectante revisé la hoja de ruta, para saber el número de la carretera: la GU1057. Y la verdad ese tramo se me hizo muy largo: apenas hablamos. Era ya de noche y esperaba encontrar a cada kilómetro el dichoso cruce. Hasta temí haberlo pasado. Pero, no, allí estaba. Tomamos el cruce y la carretera con su firme irregular, nos llevó dirección. Viñuelas. En Villaseca de Uceda paramos a tomar una coca cola y un acuarius. Nos sentamos en la terraza del bar. Los de al lado, una cuadrilla de jóvenes, nos preguntaron si éramos de la Madrid-Gijón esa. Sí, lo somos, respondimos. Y tras ello nos interrogaron y nosotros respondimos. Bueno, sin hacer juicios de valor; y yo ya me entiendo, continuamos. Llegamos a Viñuelas, y debíamos tomar la carretera hacia el Casar de Talamanca. Conocía el camino; pero, por si acaso, preguntaba en cada pueblo la dirección. Era de noche y fácil perderse. Antes de llegar a Casar nos adelantó Alex con su coche; estábamos parados preguntando, y como al reanudar la marcha era cuesta arriba, me bajé para subir los piñones. Se paró pensando que tenía avería. No; menos mal, me dijo, y se marchó hacia Algete.
Pasamos el Casar, giro a la derecha, dirección Valdeolmos, una subida, y luego franca bajada, y llano. Pasamos Alapardo, el siguiente pueblo era Algete. Quedaba la subida final hasta el pueblo. La subí alegre, aunque las piernas me dolían bastante. Por fin aparece el cartel de Algete. Atravesamos el pueblo, entre algún aplauso. Y llegamos al polideportivo. En la entrada nos esperaba Marisa con cara de sueño y aburrimiento. Nadie más vimos. Me decepcionó un poco. Le di la mano a Pascual. Y ya dentro del recinto estaba Benayas con alguno más que no conocía. Fichamos, entregamos el carné. Nos felicitaron. Y al poco apareció Enrique Llorente. Charlamos un poco. Yo tenía ganas de ducharme y quitarme la ropa. Estaba contento pero con nostalgia. Había sido duro pero disfruté mucho.
Me duché. Mientras Pascual montaba las bicis en el coche. Luego fuimos a comer algo. Yo sólo fruta. No tenía hambre. Todavía tenía la garganta bastante dolorida; y mi voz parecía más la de un tufarra que la de un ciclista.

Vuelta a Vitoria.

Cuando volvió Pascual de la ducha, había que decidir qué hacer: dormir allí y partir al día siguiente o salir sin dilación. Conduciría Marisa.
Yo era partidario de quedarnos a dormir en Madrid: Marisa también estaría cansada. Pascual insistió en que lo mejor era salir ya. Y eso se hizo. Casi sin despedirnos carretera hacia Vitoria. Serían las doce y media de la noche, calculo.
Me acomodé en el asiento trasero del coche, y traté de dormir algo. Imposible; no podía estirar las piernas y me dolían mucho. Trataba de buscar una postura para descargar la tensión muscular, pero nada. El viaje se me hizo muy duro. Marisa conducía, y de vez en cuando trataba de darle conversación pero mi mente no funcionaba.
Por fin llego a Vitoria, me dejan en casa. La bici en el garaje; di un beso a mi mujer e hija. Ducha y a la cama.

Saludos
Rafael Bárbara
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Fernando Ansón



Registrado: 13 May 2007
Mensajes: 132

MensajePublicado: Mie Sep 09, 2009 5:23 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola Rafa, tenía unos minutos pero viendo las veces que le he dado a la barra de desplazamiento para ver lo que ocupa mejor lo dejo para mañana, pero leerlo te juro que lo leo

Como la de Fran, Domingo, el test de Andrey y todo el que se anime, es curioso ver lo vivido por cada uno sobre el mismo asunto

Un abrazo
_________________
Fernando Ansón
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
FRANVACASS



Registrado: 19 Feb 2009
Mensajes: 63

MensajePublicado: Jue Sep 10, 2009 10:50 am    Título del mensaje: Responder citando

Muy buenas crónicas.
La de Bisantos y la de rbargut que he tenido que comer algo entre medias por lo larga, Laughing

Pero que bien nos lo hemos pasado en esta MGM.

Saludos.
Fran Vacas.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Diego Izquierdo



Registrado: 09 May 2007
Mensajes: 25

MensajePublicado: Lun Sep 21, 2009 10:26 pm    Título del mensaje: Crónica de la MGM Responder citando

CRONICA DE MI PRIMER 1200, LA MGM2009, UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Antes de nada quisiera felicitar y dar las gracias a los organizadores de esta MGM2009 con José María Campos al frente y a todas las personas que han contribuido al éxito de esta prueba, de una manera especial a todos los voluntarios que tan amablemente nos atendieron en los controles.

Os aviso que la crónica es larga, pero como dice Nuria, la MGM es muy larga, son muchas horas pedaleando y da para escribir casi un libro.

Son las 8 de la tarde del martes 18 de agosto, tan sólo quedan un par de horas para que den la salida a la MGM2009, llevo con este objetivo en la cabeza desde la última París-Brest, en la que tuve que abandonar por una lesión en la rodilla. También había participado en la primera edición de la MGMG2005, en la que también tuve que abandonar debido a mi inexperiencia, era mi primer año en Larga Distancia. A la tercera ha sido la vencida y como os podéis suponer tenía una buena espina clavada desde hacía tiempo.

Los días previos a la salida muchos nervios, desde el brevet 600, no había podido entrenar lo suficiente, ya que tenía a mi padre en el hospital bastante grave y esto era lo primero. En el mes de Julio tan sólo pude hacer 700 kms, pero gracias a Dios todo se fue solucionando y el mismo día de la salida, martes 18, a mi padre le dan de alta en el hospital, con lo que me tranquilizo bastante y puedo centrarme al 100% en la prueba, me despido de él y le digo que voy a terminar esta MGM, aunque sea arrastras por él.

Salgo de casa acompañado de mi mujer y de mis hijos, mis mejores fans, que han querido acompañarme y darme todo su apoyo en el momento de la salida. Mi mujer en la MGM2005 y en la PBP2007, nos fue haciendo labor de apoyo desde la furgoneta, en ninguna de las dos ocasiones la pude brindar el éxito, esta vez no les podía fallar.

A las 21:00 h llego a Algete, allí ya están el resto de mis compañeros con los que voy a compartir parte de la prueba, de mi club el Pueblo Nuevo, Joaquín Barradas, Emilio Alvarez, Juan Coca y Fernando Sebastián, del CC Rivas, Juanjo Cortés, del CC Chamartín, José Manuel Andrey, del CC Mirobrigense, Paco Sierra y del CC Prado, Antonio Paredes. Quiero dar las gracias de una manera muy especial a nuestro buen amigo Manolo Arias y a Nines, la mujer de Paco, nuestro ángel de la guarda, que empleando parte de sus vacaciones, nos hicieron una labor de apoyo encomiable con la furgoneta, sacrificándose por nosotros para que no nos faltase de nada, sin apenas poder dormir y aguantando todas nuestras rarezas, que a medida que iba desarrollándose la prueba irían en aumento.

Se hace de noche y por fin llega el tan esperado momento, somos 173 ciclistas los que vamos a tomar la salida y nos dividen en tres grupos, el primero sale a las 22:00 h, nosotros vamos en el último y salimos a las 22:20 h. Emprendemos la marcha animados por los aplausos de familiares y amigos mientras acometemos las primeras rampas de Algete, miro el pulsómetro, no logro que baje de 168 pulsaciones, no voy tan rápido para ir así, pero la adrenalina y los nervios ya me la están jugando, en los brevets clasificatorios no me había pasado, pero esto es la MGM y en estos primeros momentos la envergadura de la prueba me sobrepasa, me supongo que a más de uno le pasó lo mismo.

Como es habitual en estas pruebas, se sale a un ritmo alto y al principio nadie queremos perder el grupo, pero la subida al Casar pone a cada uno en su sitio y se empiezan a hacer varios grupos. Pasado El Casar, me quedo atrás y veo que no viene Joaquín, Emilio me dice que se queda con él y yo hago lo mismo, enseguida enlazamos con el resto del grupo que nos está esperando. Llegamos a Cogolludo y el grupo para a coger agua, yo y Joaquín nos tomamos el bocadillo que teníamos previsto, pues los 41 kms que quedan hasta Atienza son muy duros y hay que meter material de agarre del bueno. Aquí ya perdemos nuestro grupo y nos quedamos Joaquín y yo solos, la prueba se nos va a endurecer al ir los dos solos, pero por otro lado la marcha que lleva el grupo en las subidas es superior a la que nosotros podemos aguantar y de esta manera dosificaremos mejor nuestras fuerzas.

Camino de Atienza a la altura de Robledo de Corpes, nos encontramos medio tirado en la cuneta a Ramón, de Salamanca, está totalmente deshidratado y tiene calambres en las piernas, casi no se puede poner en pie, le damos toda el agua que nos queda en nuestros bidones, le ayudamos a hacer unos estiramientos y nos ponemos en marcha lentamente para que pueda ir recuperando. Logramos que llegue a Naharros, pero en las primeras rampas vuelve a bloquearse y se tiene que bajar de la bicicleta, continuará andando hasta coronar el pueblo y llegará a Atienza, nosotros le dejamos, pues es media hora la que nos hemos retrasado y tampoco vamos sobrados de tiempo, pues en estos momentos ya vamos los últimos de la prueba.

En el primer control de Atienza km. 108 ponemos el primer sello en nuestro flamante carnet de ruta, nos tomamos otro bocadillo y enseguida nos ponemos en marcha, hay que intentar recuperar tiempo. Al salir cogemos un grupo de catalanes y daneses que llevan un buen ritmo, con los que prácticamente haremos casi toda la subida a la Sierra de la Pela. Llegamos a Somolinos y nos encontramos a Jorge del GDC Pueblo Nuevo, que nos está acompañando con su moto durante esta dura y fría noche, nos dice que nuestro grupo va 200 metros por delante, ellos levantan un poco el pie y después de coronar, en los llanos de la Pela logramos enlazar con ellos.

Bajamos la Pela con la máxima precaución, es de noche y el estado de la carretera es lamentable, está llena de baches y en cualquier momento podemos reventar una rueda o irnos al suelo. Pasado Santibañez de Ayllón a la izquierda, hay una imagen de la Virgen, Joaquín, Fernando y yo nos adelantamos, pues Joaquín trae una vela para ponérsela, le rezamos un Padrenuestro y un Ave María, para que nos proteja en tan larga y dura travesía. En el camino de vuelta Manolo le pondría otras dos velas para dar gracias por no tener nada grave que lamentar.

Sobre las 7:00 h llegamos al control de Ayllón km.165, está amaneciendo, el termómetro marca 7º y el frío se mete hasta los huesos. Nos reciben unas sonrientes voluntarias que arropadas con unas mantas y heladas de frío, nos sellan los carnets de ruta, que juventud más maravillosa tiene este pueblo, ya en la edición del 2005 fue uno de los mejores controles. Ya hemos pasado la primera noche y una de las partes más duras de la prueba, hemos recuperado algo de tiempo y llevamos el ánimo intacto. Tomamos una ensalada de pasta con un colacao caliente y reemprendemos la marcha todos juntos, después de volver a poner crema en las posaderas que ya va haciendo falta. Pasado el embalse de Linares, en la primera rampa, se vuelve a romper el grupo.

Pasamos Aranda y cogemos la carretera de Palencia, ahora vamos atravesando la zona de la Ribera del Duero, viñedos a ambos lados de la carretera, vamos viendo algunas de sus famosas bodegas de las que salen algunos de los mejores vinos de España. Llegamos a Tórtoles de Esgueva, excelente control, buenos bocadillos y muy amables los encargados del bar. Joaquín me comenta que viene un poco forzado y con un buen bajón, yo tampoco vengo muy bien y decidimos volver a soltar el grupo, desde aquí definitivamente haremos la prueba mano a mano, tenemos un rodar muy parecido y nos conocemos muy bien, templamos bastante las subidas y mantenemos un buen ritmo en el llano.

Vamos por tierras de Castilla, el sol está ya en lo alto y empieza a hacerse notar, llegamos a Torquemada, recuerdo que en la edición del 2005 tuve que abandonar por estos parajes, pero esta vez no voy a echar pie a tierra. Nos tenemos que desviar debido a unas obras, la alternativa que tenemos que coger nos sube a un monte por una carretera pestosa, que desemboca en una recta interminable con un constante sube baja y con un sol abrasador que nos hace sufrir más de la cuenta. Pasamos Astudillo, donde nos encontramos un inglés que va con una bicicleta que sólo lleva un plato y un piñón, nos lo iremos encontrando durante toda la prueba, que valor, como habrá subido la Pela. Sobre las 14:30 h. llegamos al siguiente control Frómista km. 321, donde volvemos a encontrarnos con nuestro grupo, comemos todos juntos en el mismo restaurante que cenamos cuando hicimos el brevet 600 de Madrid a Gijón.

Después de volver a ponernos crema en el trasero, pues se va quejando de nuevo, emprendemos la marcha camino de Cistierna, nuestro siguiente objetivo. Aquí hay una parte que vamos coincidiendo con el Camino de Santiago, donde varios peregrinos, unos andando y otros en bicicleta, bajo un sol de justicia, van haciendo camino, quizás el año que viene lo haga con mis hijos con bici de montaña. Ahora el terreno es llano y los kilómetros van pasando más deprisa, llegamos a Saldaña km.378, hacemos una parada técnica en una gasolinera donde tomamos un refresco. Salimos subiendo entre pinares y verdes prados durante unos 5 kms, el paisaje va cambiando. De aquí hasta Guardo el terreno es llano, llevamos casi 400 kms y las fuerzas empiezan a ir muy justas, tenemos que volver a parar en una gasolinera, donde nos tomamos un helado y unos bollos con una cocacola, coincidimos con uno del PC Bonavista que va bastante tocado y nos comenta que se le está haciendo muy duro y que va a abandonar en Cistierna, en estos momentos la marcha que llevamos es bastante lenta. Por fin llegamos a Guardo, nos quedan 35 kms a Cistierna, pero sabemos que es un terreno rompepiernas, demoledor, ya lo vimos en el brevet 600, hay bajadas donde alcanzamos más de 70 km/h, cuestas de más de 1 km con porcentajes del 8% y 10%, en estos momentos pensamos que si se nos está haciendo duro ahora, será un infierno a la vuelta, pero eso ya llegará. Se hace de noche, poco a poco van pasando los kilómetros y por fin sobre las 23:30 h, llegamos a Cistierna km. 443, donde volvemos a encontrar al grupo, que se está echando a dormir.

Nuestro objetivo de la primera jornada llegar a Cistierna ya está conseguido, en nuestro plan inicial pensábamos haber llegado dos horas y media antes, pero una vez más los planes no tienen nada que ver con la realidad. Cenamos algo de pasta y fruta, pedimos colchoneta y manta para dormir, nos dicen que sólo queda una, que tendremos que compartir. Entre las cocacolas que nos habíamos bebido, tener una colchoneta para los dos y el ruido que había en el pabellón, nos es imposible conciliar el sueño, aunque el cuerpo está estirado y logramos descansar algo. Decidimos, sin haber pegado ojo, volver a emprender la marcha a las 2:00 h. Estamos en plena noche, ahora la carretera discurre por un valle que suavemente va picando hacia arriba, nos acercamos a Riaño, subimos la dura subida de la presa del embalse y durante unos kilómetros seguimos ascendiendo hasta que divisamos las luces de Riaño. Las condiciones se van a endurecer pues hace mucho frío, unos 6º, y la humedad del embalse nos aumenta la sensación de frío. Todavía nos quedan 18 kms para coronar el famoso puerto del Pontón, hay que pasarlos como sea, después nos esperan 46 kms de bajada bastante peligrosa, pues es de noche y hay varios tramos con desprendimientos, pero en los que prácticamente no hay que dar pedales. Durante la bajada nos adelantan unos italianos que van en plan kamikaze, pero no es nuestra guerra. El descenso se hace interminable, las manos nos duelen de tirar tanto de freno.

Por fin sobre las 7:30 h llegamos al siguiente control km 542, en el precioso pueblo de Cangas de Onís, donde está la Virgen de Covadonga y la famosa subida a los Lagos, el paisaje ha cambiado totalmente, verde por todos los lados, es una delicia, no olvidemos aunque parezca mentira, que estamos haciendo ciclo-turismo, también hay que disfrutar. Aquí nos desayunamos un buen bocadillo de jamón, que nos sabe a gloria. La alegría se refleja en nuestras caras, vamos bien, el siguiente control ya es Gijón, quedan 80 kms y esto nos da alas, pues sabemos que a partir de ahí iniciaremos el camino de vuelta y empezaremos a restar a la prueba, a vencerla, la dura batalla psicológica también la empezamos a ganar, pues sé por tristes experiencias anteriores, que la mayor parte de los abandonos se producen en el trayecto de ida.

El camino a Gijón, tiene mucho tráfico, aunque es un constante sube y baja, siempre te da la sensación de ir subiendo, lo mismo nos pasará a la vuelta. Durante toda la prueba y especialmente en este tramo, nos ayuda bastante el hecho de haber realizado el brevet 600 de Madrid a Gijón organizado por el Pueblo Nuevo, pues hay varios cruces en los que te puedes equivocar. Los kilómetros van entrando y el cansancio se va acumulando, encima no hemos podido dormir, en la travesía de uno de los pueblos por los que pasamos, Joaquín va delante con la cabeza metida en el manillar, en el arcén hay un camión aparcado que no ve, yo me doy cuenta de la situación y le pego un grito, él de una manera milagrosa reacciona, da un giro brusco que casi le lleva al suelo y consigue librar el camión, yo que iba atrás vi que se lo comía. El susto le dura unos minutos y nos acordamos de la vela que le pusimos a la Virgen camino de Ayllón, sin duda habrá que ponerle otra a la vuelta.

Pasamos Pola de Siero y llegamos al Berrón, donde encaramos el Alto de la Madera, último escollo antes de Gijón, desde su cima podemos disfrutar de la maravillosa vista de la ciudad con el mar y su costa al fondo. En la subida nos cruzamos con nuestro buen amigo, Rafael Barbara de Vitoria que ya va de vuelta. Entramos en Gijón y lo atravesamos de punta a punta, después de parar en un montón de semáforos, llegamos por fin al Pabellón de Deportes donde está el control km. 621, son las 12,30 h. Aquí nos reciben José María Campos, Benayas y Francesc Porta, sellamos y nos obsequian con una buena comida a base de pasta y empanada de la tierra, excelente control, sin duda uno de los mejores. Mientras comemos comentamos que ya hemos conseguido el primer objetivo, llegar a Gijón, sabemos que queda la vuelta, empezamos a pensar en la dureza del Pontón, en el tiempo que llevamos pedaleando sin dormir, casi 40 horas, pero ya estamos de regreso y llevamos buen ánimo.

Sobre las 14:00 h salimos del Pabellón, pasamos por la playa, que envidia poderse dar un baño ahora, pero no hay tiempo, después de callejear por Gijón y aguantar un montón de semáforos y las broncas de los coches (yo quitaría este tour por la ciudad, para sucesivas ediciones), volvemos a subir el Alto de la Madera, 10 kms de puerto con 350 metros de desnivel, que nos lo tomamos con calma. Se empieza a nublar el cielo y unas nubes negras amenazan lluvia. Nada más pasar El Berrón, comienza a lloviznar, el orbayu como lo llaman por estas tierras, que poco a poco nos va calando. A 40 kms de Cangas volvemos a parar en un bar para guarecernos de la incesante lluvia, la dueña del bar nos comenta que llevan parando durante todo el día ciclistas, las fuerzas a estas alturas de la prueba se van igualando y a todos nos va haciendo falta más de una parada. A medida que nos acercamos a Cangas de Onís la lluvia se intensifica, la carretera está llena de agua y al adelantarnos los coches nos van calando más.

Al fin a las 18:30 h llegamos al siguiente control, Cangas de Onís km. 701, nos tomamos un buen bocadillo y un plátano, ahora llueve a mares, pero hay que seguir la marcha. Saludamos a Fernando y Nuria, de nuestro club el Pueblo Nuevo, que llegan en ese momento. Arrancamos de nuevo, tenemos por delante el temido Puerto del Pontón con sus 46 kms y 1200 metros de desnivel, la bestia negra de la Madrid-Gijón-Madrid. Aunque lo subimos lloviendo, el paisaje es espectacular, vamos pasando entre riscos adornados por bellas cascadas, el sonido del río Sella nos va acompañando por el Desfiladero de Los Beyos. A la ida este puerto lo bajamos de noche y no pudimos disfrutarlo. Los primeros 20 kms es llano que va picando para arriba, Joaquín coge las riendas de la subida y vamos a unos 18 km/h, poco a poco vamos subiendo rampas más pronunciadas, seguidas de cortos llanos. Lo peor está por llegar, a 17 kms de la cima, a partir de Ribota, nos encontramos rampas mantenidas del 8% y 10% seguidas de cortos llanos, así llegamos a Oseja de Sajambres, donde paramos a tomar un aquarius. Nos quedan aún 13 kms para coronar y se acaba de hacer de noche, nos encontramos con varios extranjeros y con Gene de Salamanca, que nos comenta que quedan unos 5 kms duros y luego suaviza algo, lo cual nos anima, haremos el resto de la ascensión juntos.

Por fin coronamos el largo Puerto del Pontón, comenzamos a bajar, durante los cuatro primeros kilómetros aparte de la lluvia, tendremos también niebla, en la primera curva la bicicleta se me va de atrás, pero la logro controlar, el descenso está peligroso y no se ve nada. Vamos todo calados, el intenso frío y la humedad debido a la proximidad del embalse de Riaño, nos hacen pasar uno de los momentos más duros de la MGM, el frío es insoportable, nos duele todo, vamos tiritando, yo pienso para mí, que va a ser la última prueba que hago de estas características, no tengo ninguna necesidad de pasarlo tan mal y encima fastidiando parte de mis vacaciones, con lo bien que estaría en la cama calentito. Pasamos por un pequeño pueblo donde hay un bar abierto, paramos y nos tomamos un colacao calentito, también paran un francés y un inglés, que llegan en las mismas condiciones. Nos quedan unos 40 kms hasta el próximo control , van a ser eternos, los kilómetros van pasando pero nunca llega Cistierna. Son kilómetros muy duros, vamos los dos mal y distanciados el uno del otro, deseando llegar al control para acabar con esta dura pesadilla.

Por fin a la 1:15 h, llegamos a Cistierna km.803, le comento a Joaquín que lo primero que vamos a hacer es pedir la colchoneta para que no nos pase lo de la noche anterior, nos dicen que no hay, que sobre las 2:00 hay un francés que se va a ir, le pedimos unas mantas y tampoco quedan, bueno, pues vamos a darnos una ducha mientras, pedimos una toalla y tampoco hay. Comentamos que mientras esperamos a que se levante el francés vamos a aprovechar para cenar algo, preguntamos pero nos dicen que ya no queda nada, pienso que esto no puede estar pasando, debe de ser un sueño, nos hemos debido de equivocar de lugar de control. A las 2:00, cuando se va el francés, volvemos a compartir colchoneta y manta. Hemos llegado todo empapados. Esta vez, debido al cansancio acumulado, después de 51 horas de prueba, logramos dormir una hora y media, de las tres que paramos en este control.

Nos levantamos y nos ponemos de nuevo la ropa, que aún no se había secado. No podemos desayunar pues no queda nada. Sobre las 5:00 h emprendemos ruta a Guardo, nos volvemos a encontrar otra de las partes más duras de la prueba, son 34 kms rompepiernas, llevamos más de 800 kms en las piernas y hay cuestas de más de 1 kilómetro que marcan el 8% y 10%, las cuales se hacen interminables. Vamos pasando kilómetros poco a poco soñando con el gran desayuno que nos espera en Guardo. Paramos en un bar y nos pedimos una jarra de medio litro de colacao, con un croissant, una napolitana de crema, una caña de chocolate y un donuts para cada uno, todos los que están en el bar, perplejos se nos quedan mirando. Como dice Joaquín, hay que meter material de agarre del bueno.

Ya repuestos salimos para Saldaña, nos acordamos de lo mal que íbamos por aquí a la ida, pero ahora vamos mejor y además le vamos restando a la prueba. Yo empiezo a tener importantes rozaduras en las posaderas, en todos los controles me voy dando crema que me alivia algo, pero poco a poco se va agravando. Ahora hasta Frómista el terreno es llano, aunque tenemos viento de cara que nos hace sufrir más de la cuenta. Sobre las 12:45 h, llegamos al siguiente control Frómista km. 913, donde nos están esperando Manolo y Nines con la furgoneta. Comemos un buen plato de macarrones y filete de lomo con patatas. Cuando vamos a salir vemos que llega Fernando Sebastián y al rato José Manuel Andrey y Antonio Paredes.

El terreno sigue siendo llano y ha aflojado un poco el viento, llegamos a Torquemada, pasamos por Baltanás donde paramos a meter los pies en la fuente, los llevo con un dolor que no me deja pedalear, el frescor del agua me alivia bastante. Después de atravesar 4 lomas, con sus subidas y bajadas, llegamos a Tórtoles de Esgueva, punto de control km. 999. Nos avituallamos a base de bocata de jamón, cocacola y aquarius. Está Manolo y Nines con la furgoneta, aprovecho para coger una funda de gel para el sillín, que había echado en la mochila por si acaso, que de momento me va a permitir ir más cómodo. A estas alturas de la prueba vamos ya muy cansados, la mirada fija en el próximo control Ayllón, pero antes tendremos que hacer parada técnica en Fuentespina, donde nos metemos un buen helado. En esta parte del recorrido coincidimos con los 3 maños, buena gente. Manolo Arias que se ha traído la bicicleta, se baja de la furgoneta en Tórtoles y nos acompaña hasta Ayllón, lo cual nos hace el camino muy agradable. Antes de llegar al embalse de Linares se nos hace de noche, nos cogen 4 franceses, a los que pillamos rueda hasta Ayllón.

Ayllón, por fin Ayllón, km. 1080 , días anteriores a la prueba le había comentado a mi mujer, que si llegaba a Ayllón, tenía la MGM en la mano. Un montón de jóvenes nos están esperando, me recuerda la Paris-Brest, gracias desde aquí por esas sonrisas y ánimos que tanto ayudan a estas alturas de la prueba. Cenamos una ensalada de pasta y un vaso de colacao. Nos acompañan 2 chavales con bicicleta hasta la salida del pueblo, son la 1:10 de la noche.

Siguiente objetivo Atienza, pero antes hay que subir la temida Sierra de la Pela, el techo de la MGM. Vamos cansados pero con buen ánimo, en este tramo nos volvemos a encontrar con la capillita de La Virgen, donde aún vemos encendida la vela que pusimos a la ida, sin duda ha ido velando por nosotros durante toda la prueba. Pasado Santibañez de Ayllón, nos volvemos a encontrar con las primeras rampas de La Pela, pasamos por aquí en el brevet 400 y no recordaba que fueran tan duras, pero qué duda cabe que los 1100 kms que llevamos en las piernas tienen algo que ver. En la cima volvemos a parar, la subida nos ha dejado extenuados, nos descarga de golpe todo el cansancio acumulado y nos estamos quedando dormidos. Arriba en la sierra hay un tramo de sube y baja de unos 8 kms, vamos despacio y dando bandazos de un lado a otro, nos estamos quedando dormidos dando pedales, a mí en cinco años que llevo en larga distancia nunca me había pasado, aguanto mucho el sueño. Justo antes de bajar volvemos a parar, comentamos que a 2 kms, en Somolinos vamos a descansar un rato, así no podemos seguir.

Llegamos al pueblo y nos sentamos a la entrada de una casa, quedan 30 kms favorables hasta Atienza, pero no somos capaces de dar un pedal más, vamos a dormir un poco. Joaquín se tira en el suelo frío de hormigón y yo me recuesto contra una pared, pasados 5 minutos los ronquidos de Joaquín me despiertan, analizo la situación, estamos a 1300 metros de altura, con unos 5º y totalmente sudados tirados en el suelo, vamos a pillar una neumonía de campeonato. Despierto a Joaquín, le digo que tenemos que intentar llegar a Atienza como sea, nos quitamos las gafas para que el aire y el frío de la noche nos mantenga despiertos. Cuando emprendemos de nuevo la marcha vamos tiritando por los cuatro costados, vamos totalmente destemplados, yo no sé como sentarme en el sillín, las rozaduras del trasero ya son heridas y cada golpe de pedal me hace ver las estrellas. Parece que esta pequeña parada nos ha despejado un poco, vamos bajando y llegamos a Cañamares, quedan 8 kms a Atienza, que hacemos como podemos.

A las 4:45 h llegamos al control de Atienza km 1139, donde dormidos sobre una mesa están Arauz y Javier el dueño del restaurante, nos da pena despertarlos, también están muy cansados. Nos ponen el sello nº 13 en el carnet de ruta, ya sólo nos quedan dos para conseguir el premio. Nos echamos a dormir y nos levantamos a las 7:30, esta vez hemos conseguido dormir dos horas y media. Hace un poco ha llegado nuestro grupo, están durmiendo. Desayunamos y sobre las 8:10 salimos, nos va a acompañar Juanjo Cortés que ha llegado con el grupo pero no es capaz de quedarse dormido y va a seguir ruta. Al montarme en la bici comienza de nuevo mi particular calvario con el sillín, cada vez que pedaleo pego un bote hacia arriba como si de un muelle se tratara, casi no aguanto el dolor, a medida que van pasando los kilómetros e irme calentando se me hace más llevadero, aunque cada vez tengo que ir pedaleando más tiempo de pie.

El penúltimo control está a 41 kms, Cogolludo, este tramo hasta Algete, lo conocemos muy bien pues todos nuestros brevets del GDC Pueblo Nuevo siempre salen por aquí. Pasado Naharros tenemos que afrontar una larga subida hasta Robledo de Corpes, bajamos al embalse de Alcorlo, llevamos animada charla, vamos comentando con Juanjo todas las anécdotas surgidas en la marcha y los kilómetros se van pasando más deprisa, ya nos queda muy poco para terminar esta MGM.

Llegamos a Cogolludo km 1181, el control lo han puesto en el Polideportivo a la salida del pueblo. En este control coincidimos cerca de 35 ciclistas, charlamos con unos y otros, nos hacemos fotos, ya no hay prisa, todos tenemos tiempo de sobra para terminar la prueba y esto se nota en el ambiente. Después de tomar un buen bocadillo y un poco de fruta, volvemos a la ruta, hacemos un grupo de 10, nos van a acompañar los tres maños, Juanjo Ibarretxe , Alvaro y dos vascos más. Después de la larga subida de Puebla de Beleña, el terreno que nos queda es prácticamente llano y el grupo avanza deprisa, se nota que hay ganas de llegar, son momentos que aprovecho para ir disfrutando de lo que estamos a punto de conseguir, me vienen a la mente muchos momentos de los brevets realizados, de entrenamientos largos con los amigos los fines de semana y otros en solitario. Llegamos al Casar de Talamanca, nos quedan 18 kms a Algete. Llegando a Fuente el Saz, el grupo incrementa el ritmo, voy con el gancho puesto y me descuelgo del grupo unos 100 metros, voy a 32 kms/h, se da cuenta Alvaro y viene a por mí, me pone la mano en la espalda, bajo tres piñones y nos ponemos a 42 kms/h, cuando nos faltan 15 metros para coger el grupo me da un último empujón con el que me veo sin dar pedales pasando uno por uno a todo el grupo, tengo que frenar para no ponerme en cabeza, que bestia este Alvaro, debe ser de Bilbao.

La entrada en Algete, apoteósica, cruzo la meta pensando en mi familia, se me escapan algunas lágrimas, la emoción es indescriptible, va por ellos. Por fin me ponen el último sello en el carnet de ruta, acabo de conseguir mi primer 1200, están Campos, Porta y Benayas que nos felicitan, abrazos entre todos y especialmente con Joaquín, mi fiel escudero y compañero en tan tamaña hazaña. Después de una reconfortante ducha, comida con los amigos para saborear estos momentos de gloria. Salimos 10 en el grupo y aunque hemos llegado cada uno como hemos podido, lo importante es que todos hemos conseguido terminar esta MGM2009, la prueba ciclista más larga de España. Después hubo entrega de trofeos, dieron uno al club más numeroso, el GDC PUEBLO NUEVO, del cual formo parte, comenzamos 7 la MGM y terminamos los 7, unos auténticos jabatos, otro motivo más de satisfacción. Nos despedimos quedando para el siguiente objetivo, la Paris-Brest-París 2011, donde sin duda nos volveremos a encontrar.

Al día siguiente el domingo por la mañana, cojo el tren en Atocha con destino a Cádiz, allí me está esperando mi familia, voy a pasar con ellos una merecida semana de descanso en la playa. En el tren voy sólo, lo que aprovecho para saborear lo que he conseguido, la MADRID-GIJON-MADRID, mi primer 1200, son momentos inolvidables, estoy muy emocionado, se me vuelven a escapar algunas lágrimas, me acuerdo de todo lo que he sufrido, viene a mi mente mi mujer y mis hijos, lo orgullosos que estarán, la semana siguiente lo pasaré con ellos en la playa, donde comentaremos con todo detalle todos los pormenores de la prueba. Durante la prueba iba soñando con el momento en que la consiguiera terminar y la alegría que les iba a dar, en la primera MGM2005 y en la París-Brest, no había podido ser, pero hoy sí, hoy lo había conseguido por ellos y gracias a ellos, porque qué duda cabe que sí no contáramos con el apoyo de la familia seríamos incapaces de lograr estas hazañas, han sido muchos fines de semana entrenando durante largas horas sin poder estar con ellos. Ahora es nuestro momento compartido de gloria. Llego a la estación y allí están todos esperándome, sonrisas, besos, abrazos, vamos al coche, me han puesto una pancarta bien grande que pone FELICIDADES CAMPEON. Llegamos a casa y en la pared del salón otras pancartas donde pone: A pesar de: Puerto del Pontón, frío, calor, baches, dolor de pies y culo, sueño, cansancio, lluvia, niebla, tras largos años y muchos kilómetros en las piernas: OBJETIVO MGM 1200 CONSEGUIDO, próxima parada, PARIS 2011. Por la noche me traen una tarta con 4 velas que pone 1200, fue muy emocionante.

Desde aquí quisiera felicitar a todos los que consiguieron terminar esta MGM y de una manera muy especial a todos los que sin conseguirlo también lo intentaron, en la MGM 2005 y en la PBP2007 yo formé parte de ellos, sé por experiencia lo duro que es, sin duda son los que más han sufrido, seguro que antes de abandonar tras largas horas de sufrimiento, dieron todo lo que tenían, hay que tener mucho valor y coraje para subirse encima de una bicicleta e intentar realizar esta proeza. Animarles a que lo sigan intentando, yo a la tercera lo he conseguido y merece la pena.

Quiero cerrar esta larga crónica, dedicando de una manera especial mi primera MGM a mi padre, uno de mis mejores fans.

Nos volvemos a ver en París 2011.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
rbargut



Registrado: 20 Jun 2007
Mensajes: 24

MensajePublicado: Mar Sep 22, 2009 12:19 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimado Diego,

he leído tu crónica y me ha gustado mucho.

Me alegro que la hayas terminado. El año que viene espero verte a ti y al resto de madrileños en las brevets de tu club.

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Rafael Bárbara
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
FRANVACASS



Registrado: 19 Feb 2009
Mensajes: 63

MensajePublicado: Mie Sep 23, 2009 8:06 am    Título del mensaje: Responder citando

Emocionante crónica Diego.
ENHORABUENA CAMPEON.

Estoy ansioso para hacer los próximos brevets del Pueblo Nuevo Laughing
Nos vemos.

Saludos.
Fran Vacas.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
bisantos



Registrado: 11 May 2007
Mensajes: 61

MensajePublicado: Mie Sep 23, 2009 3:52 pm    Título del mensaje: Responder citando

enhorabuena diego, desde valencia, la verdad es que da gusto leer las crónicas con todo lujo de detalles. Todos padecimos dentro de nuestros límites y tiempos previstos, pero leyendo lo vuestro aún hay gente que padece más.
Sin duda el acabar la prueba te va a dar más fuerzas para afrontar los próximos objetivos.

un abrazo.

www.brevets.bitacoras.com
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo Visitar sitio web del autor Dirección AIM
Turbolover



Registrado: 10 May 2007
Mensajes: 41

MensajePublicado: Jue Sep 24, 2009 11:36 am    Título del mensaje: Responder citando

Enhorabuena Diego, se lo que andabas buscando esto.

Entiendo perfectamente la situación bajo la que has hecho esta prueba, algo parecido me ocurrió a mi en la PBP 2007, pero lo que parece un lastre psicológico se convierte en una motivación extra que te da fuerzas adicionales.


Un saludo y nos vemos en la ruta
_________________
Impossible is nothing
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Alfonso Triviño Fernández



Registrado: 09 May 2007
Mensajes: 177

MensajePublicado: Jue Sep 24, 2009 8:27 pm    Título del mensaje: Responder citando

Diego, ya te felicité cuando llegaste a Algete, y te reitero mi más sincera enhorabuena.¡Te lo mereces! Me he emocionado leyéndote.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
jm andrey



Registrado: 14 May 2007
Mensajes: 60

MensajePublicado: Jue Oct 08, 2009 10:46 pm    Título del mensaje: Responder citando

Diego maravillosa crónica. Impresionante de verdad lo tuyo y lo de Joaquin con sólo cuatro horas de sueño!. Y Rafa, no conozco a nadie que disfrute cada pedalada tanto como tú. La de Domingo y su grupo es un compendio de sabiduría y saber ir en grupo y la de Fran una proeza de mente y cuerpo al alcance de muy pocos. Hasta pronto

(Por cierto: las campanas de Cogolludo eran tres y en el control de Frómista, ademas de sandía, lo que había eran ¡columpios!. Un gran detalle de la organización. No habeis dado ni una, excepto Nuria, que se sabía la suya y la de los calcetines de Fran)
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
jmbenayas
Site Admin


Registrado: 09 May 2007
Mensajes: 457

MensajePublicado: Vie Oct 09, 2009 2:49 pm    Título del mensaje: Responder citando

jm andrey escribió:
TEST RANDONNEUR MGM 2009
Si la has hecho, contesta:

1. ¿Cuántos repechos tenía el tramo Guardo-Cistierna a la ida y cuántos a la vuelta? Ojo que la pregunta tiene truco.
2. ¿Cuántos polígonos, entradas y salidas tiene Aranda de Duero por la noche?
3. ¿Y campanas la iglesia de Santa María en Cogolludo? (No vale preguntar a Fernando)
4. ¿Cúantos tipos de ensalada tenía preparadas Almudena en Tórtoles?
5. ¿Cuántas ragazzini había en el control de Ayllón?
6. ¿En qué tramo había más de 5 peregrimos por metro lineal?
7. Ademas de melón y agua ¿qué había en el control de Frómista?
8. “La Nuria se fue a los Puertos” ¿es una película española de 1947 o ha sido la canción de este verano?
9. ¿De qué marca son los calcetines del amigo Fran? Wink



Y si no la has hecho tambien. Ahi van mis respuestas:

1. ¿Cuántos repechos tenía el tramo Guardo-Cistierna a la ida y cuántos a la vuelta? Ojo que la pregunta tiene truco.

A la ida solo uno aunque lo subimos en directa y sin tener que reducir. Volver volvi por otro lado.

2. ¿Cuántos polígonos, entradas y salidas tiene Aranda de Duero por la noche?

Me niego a contestar esa pregunta. Es casi como contestar a la pregunta de la chiva: ¿Cuantos dientes tiene una chiva atada a una retama?.

3. ¿Y campanas la iglesia de Santa María en Cogolludo? (No vale preguntar a Fernando)

Pues yo le he preguntado y aunque me podia haber dicho que lo desconoce realmente me dijo que no tenia ni p.. idea. (p... = Perfida. !Mal pensados!)

4. ¿Cúantos tipos de ensalada tenía preparadas Almudena en Tórtoles?

Una sola pero con diferentes ingredientes y preparada en diferentes recipientes.

5. ¿Cuántas ragazzini había en el control de Ayllón?

!Ni idea. No me gusta la pasta¡.

6. ¿En qué tramo había más de 5 peregrimos por metro lineal?

En el mismo Santiago. ¿O no pasaba por alli la marcha?. Es lo que tiene contestar sin hacerla...

7. Ademas de melón y agua ¿qué había en el control de Frómista?

Algún que otro ciruelo que entraban y salían en bicicleta.

8. “La Nuria se fue a los Puertos” ¿es una película española de 1947 o ha sido la canción de este verano?

Pelicula, pelicula. Pelicula popular por su banda musical "Mi Perrito Lucero".

9. ¿De qué marca son los calcetines del amigo Fran? Wink

¡Me alegro que me hagas esa pregunta ¡. La marca real es "whithout-na-in-the-foots. Aunque se conocen popularmente como "ShocksSin" o "SinShocks".
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
jm andrey



Registrado: 14 May 2007
Mensajes: 60

MensajePublicado: Vie Oct 09, 2009 3:16 pm    Título del mensaje: Responder citando

¡Fantástico! todas las respuestas correctas. Ya no hace falta que sigais pensando. Y ahora una pregunta al campeón: ¿cómo has adivinado que la nº 2 no había que contestarla? ¿alguien te contó lo de la chiva?
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes anteriores:   
Este foro está bloqueado: no se puede publicar, responder, ni editar mensajes en este tema.   El tema está bloqueado: no pueden editarse ni agregar mensajes.    Índice del Foro La CicloLista · Ciclistas en Red -> MGM09 Madrid-Gijón-Madrid'09 Todas las horas están en GMT + 2 Horas
Ir a página Anterior  1, 2
Página 2 de 2

 
Saltar a:  
No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas


Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group